domingo, 23 de mayo de 2021

Construyendo comunidad…




“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.” Hc 2,1.


Celebramos una vez más la fiesta de Pentecostés, y en esta oportunidad elijo empezar con la frase que explica mucho del misterio, los seguidores de Jesús ‘estaban todos juntos en el mismo lugar’. 


Cuando pensaba en estos días sobre qué escribir para esta fecha, y sobre todo tratando de que el mensaje trascienda las creencias religiosas de cada comunidad, se fueron iluminando algunas ideas que iré plasmando para que este acontecer se pueda transferir a lo terrenal y cotidiano que vivimos a diario.


En primer término, que se encuentren en un mismo lugar es significativo en sí mismo, pero no solamente desde una connotación positiva. El jueves de Semana Santa, también estaban todos en un mismo lugar, pero con la presencia de Judas, que no vamos a repetir su accionar porque ya todos conocemos el final de su traición. Cuando vivimos aletargados o adormecidos en la confianza, suceden cosas a nuestro alrededor que muchas veces no somos capaces de visualizar o sentir, personas en las que confiamos o acciones que son muchas veces mecánicas o rutinarias, y que sin darnos cuenta nos terminan perjudicando.


Muchas veces deberíamos reaccionar a estas situaciones, pero de a poco -distintos actores o circunstancias-  nos van silenciando, ahogando, dejando en un ‘encierro’ que nos hace -al igual que a los apóstoles- quedarnos en el más profundo silencio.


Aquel  miedo que se apoderó de ellos, no se dio en un instante… sino que fue parte de un proceso. Un proceso que no se gestó ese día en el que estaban juntos y encerrados, precede incluso a la muerte de Jesús, cuando son quienes le persiguen los que tienen El poder y despiertan el miedo. Tener fuerzas y coraje para enfrentarlo, para confrontarlo, para pensar y ofrecer alternativas es -al menos- complicado, comprometido y arriesgado. Es una situación difícil porque el miedo ¡paraliza!... Cada uno en una visión limitada y personal, se cuida a sí mismo, sin pensar con mirada diferente, trascendente, transparente… es un reflejo,  un instinto de preservación del ser humano mismo en toda su esencia.


¿Cuántas veces nos callamos por miedo?, ¿cuántas veces te callaste por miedo?. 

Lo que seguramente nunca te diste cuenta, es que ese miedo, ese silencio seguramente perjudica a alguien más aparte de a ti mismo,  ese silencio se aglutina con otros y pasan a amalgamarse en una gran bola de nieve que genera más miedo, más dolor, más daño en otros y a la larga también en tí. Porque quizás en algún momento, puedas ser tú quién esté siendo observado y acusado por ‘aquellos’ que -en aquel momento- persiguieron y mataron a Jesús, pero hoy tienen rostros que conoces.


“Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y posaban sobre cada uno de ellos” Hc 2,3. 

Cada vez que leo, releo, y rezo este pasaje; me parece fascinante. Algo diferente, algo mágico, algo fuera de lo normal sucede para que ellos puedan reaccionar. Un determinado acontecimiento los ubica en su centro, los hace ver la realidad, y sobre todo los hace poner en movimiento. Un movimiento del que ellos estaban seguros, convencidos, ‘algo’ que ningún jerarca ni su poder iba a lograr frenar. Hablaron el mismo idioma, porque ellos estaban convencidos, y no les importó nada lo que pensaran los demás -aquellas autoridades que en ese momento eran los gobernantes de turno-. Cuando se está convencido del bien común, se pondera el mismo, se construye en comunidad  y se logran resultados tan legítimos como inimaginables, pero para eso es necesario dejar de lado el miedo.


Pongamos en oración, desde nuestros espacios, sectores y reuniones, la necesidad de confrontar el miedo -aunque sea hablando y escuchando activamente- para poder así construir juntos comunidad, algo tan humano y sensible como el entretejido de relaciones comunes. Pongamos en oración el desafío de  ‘embarrarnos’ sanamente y con alegría en lo cotidiano, lo real, lo tangible, porque esa es la verdadera construcción del Reino de Dios. Discernir lo que Él nos quiere decir hoy, nos hace poner ojos y oídos en funcionamiento, y a veces es claro que no queremos o no nos sirve hacerlo, porque la realidad nos devuelve una lectura que muchas veces va contra lo que queremos y no lo que Dios quiere y espera de nosotros.


Pidamos por una comunidad fraterna que esté atenta a lo que sucede a su alrededor, que


asuma cuáles son las ‘lenguas de fuego’ en este 2021 y que siga construyendo -al soplo del Espíritu Santo-  su lugar humilde, solidario y desde el reconocimiento del bien común. 


Demos gracias por la capacidad de descubrir y reconocer en cada celebración cristiana,  el misterio que habita en ella,  para así obrar desde su  espíritu y esencia.


Feliz Pentecostés a todos, que esta pequeña llama, permanezca viva y nunca se apague.


El liderazgo en The Bear, aprendizajes colectivos para la educación

  El liderazgo en The Bear , aprendizajes colectivos para la educación La serie The Bear (Disney+) ofrece una representación compleja del m...