Esos “nervios” del comienzo de una nueva etapa se vivirá hoy al ir a la cama, cuántos habrá que casi no duerman esta noche por todo lo que genera la ilusión que comienza mañana.
Esa ilusión que nos envuelve a todos independiente del rol que nos toca en la educación, porque mañana tenemos una vez más la oportunidad de sembrar, de tener en cuenta al estudiante y hacerlo protagonista.
El estudiante como protagonista, así como el foco en que aprenda, es algo no discutible, es la razón, o debería ser la razón de ser de todos los que estamos en la educación.
Si está claro que el foco es ese, mañana comencemos convencidos de que eso suceda.
Cada uno de ellos es una brasa, que debemos acompañar, cuidar, soplar, sacudir, mover, arrimarle algo, para que se transforme en un fueguito donde nunca más se apague esa llama.
Para eso tengamos en cuenta al grupo en general con las particularidades que traiga, a cada estudiante con su historia, presente, dificultades o facilidades, donde podamos descubrir cómo “soplar” para que se encienda. No tenerlo en cuenta como individuo, con su trayectoria, hará que estemos cometiendo un gran error, y como tantas veces dije, que lo estemos “estafando”; y si eso sucede, no estamos cumpliendo con nuestra tarea. Acompañemos atentos a lo que ellos precisan para poder desarrollar las habilidades que hoy se necesitan para insertarse en el mundo que les toca vivir.
Lo mismo va para los cuerpos directivos, quienes deben hacer esa tarea con todos sus educadores, saber sus potencialidades y debilidades, ver cómo dar apoyo, estar presente, ayudar a descubrir el potencial, ser líderes de gestión, pero sobre todo pedagógicos para que la “magia” suceda y todos podamos aprender. Los docentes también son brasas que los directivos deben estar cuidando que no se apague y para eso deben estar presentes en lo que sucede en la escuela, desde la humildad y al servicio del rol que les toca vivir.
Para que todo suceda, tanto desde los directivos a los educadores, como de educadores a estudiantes, hay algunos aspectos que debemos tener en cuenta, anotarlos y ver cómo la vamos llevando adelante. Alguno de ellos son una planificación colaborativa, participación, desarrollo profesional docente, una buena comunicación, liderazgo en los procesos que se llevan adelante -administrativos y pedagógicos-, generar autonomía, movilizar el cambio de algunas prácticas docentes, construir capacidades, tener el foco en una mejora continua, que se formen comunidades de aprendizaje… y para que todo esto suceda, debe existir condiciones institucionales que lo permita. Aprovechemos los espacios comunes, planifiquemos bien las coordinaciones institucionales, de modo que se quiera participar porque son útiles para la tarea cotidiana en el aula.
Muchas ilusiones, mucho desafío, y como cada año, el deseo de seguir transformando lo que pasa en este ámbito tan grande que es el educativo, porque con esas mínimas acciones que se toman en el aula o en un centro, estamos colaborando con un entramado mucho más complejo como sociedad donde todo termina repercutiendo.
Hoy es domingo, descansemos todos, pero con el gran desafío que mañana, una vez más, la máquina se pone en movimiento, y es el deseo mío, y seguro de muchos, de que cuando arrimemos al cierre en diciembre, podamos decir tarea cumplida.
Buen año 2022, la ilusión está intacta, las ganas también.
En lo que pueda ayudar, acá estoy… para seguir soplando desde donde me toque, para que cada brasa siga encendiendo esa llama.
Prof. Marcelo Mónico