Este nuevo coronavirus, en muchos aspectos, está haciendo aflorar lo mejor de nosotros, pero también dejando entrever lo peor… ha sacado a la luz las miserias, el partidismo, el odio, el ataque, el poder depositar en el otro palabras o conceptos agresivos, que lo único que hacen es continuar agudizando la profunda grieta tan mencionada.
Vivimos en un país democrático donde la expresión es ineludiblemente libre, por tanto creo que lo primero que debemos hacer es cuidarla respetuosamente y defenderla. Me desafía pensar la política desde una mirada general, desde un pensar, desde un hacer, desde un evaluar para volver a planificar, y no desde la agresión constante y sostenida. Adhiero a pensar la política que viene de acuerdos, donde se llega a reflexionar por el bien de todos, y cuando digo todos es TODOS… una política que logre negociar, dialogar, ceder para alcanzar consensos, y no simplemente levantar la mano para votar o vetar una ley, un acuerdo o una sanción.
Es necesario a mi entender, que todos los actores políticos, actúen en consecuencia de lo que nos sucede como sociedad, que dejen su ‘chacrita’, su búsqueda de poder o un potencial voto al ganarse algunos adeptos. Creo que hay lugares para jugar el partido seriamente y con compromiso… y es ahí, donde espero que lo hagan, donde espero que concilien, acuerden, cedan, modifiquen…
Es momento de no polarizar más… basta que desde un sector se sostenga una afirmación para que la contraparte manifieste que es falsa. Basta que desde un sector se haga una propuesta para que el otro asegure que ya lo había sugerido.
¿Existen agentes políticos que reconozcan aquello productivo que hace el que está situado en la otra vereda? ¿Es real que todo lo que hace el otro está equivocado? ¿Es posible que todas las propuestas que vengan del vecino sean ‘ninguneadas’?
Me consta que muchos reconocen -internamente- las ideas, los proyectos, las acciones que han sido fecundamente realizadas por los otros, de todas formas creo que es momento que lo digan, lo compartan… lo valoren, es tiempo de colaborar…
Se me ocurre pensar en dos ejemplos concretos, las escuelas de tiempo completo tan criticadas a Rama fueron durante la pasada contienda política bandera de varios proyectos de corte progresista. O el Plan Ceibal tan cuestionado en sus principios... hoy herramienta fundamental para compartir las clases a distancia.
Sin dudas muchos son los aciertos de los gobiernos de turno… sería productivo y sobre todo reconciliador reconocer esos aspectos públicamente, de la misma forma que se cuestiona desde las redes sociales cada iniciativa propuesta.
Desde esa concepción tan extrapolada me pregunto, ¿por qué no mejora la Educación?
Y francamente la respuesta que encuentro es que todos nos echamos la culpa y nadie asume un error.
Se deposita la culpa en el gobierno de turno, en las autoridades, en las instituciones, en los docentes, en las familias, en los alumnos, pero ninguno de estos actores, recogemos el guante para empezar a construir un proyecto común que nos encauce y encamine hacia un horizonte educativo compartido, hacia un nuevo marco curricular que considere e interactúe con todos los involucrados.
Y si bien, también es verdad que muchos piensan y trabajan en pos de la mejora, la realidad muestra que es generando parches sin un cambio radical y real que impacte positivamente, por ejemplo en los aprendizajes de los alumnos o en una baja en la deserción estudiantil. Es en base a esfuerzos personales, a proyectos a corto plazo o a las “buenas ideas” de aquellos que están de turno, que surgen mejoras esporádicas en el sistema educativo.
No encuentro que exista -a largo plazo- una planificación transversal de todos los subsistemas, en la cual haya acuerdos para que a pesar del cambio de autoridades, la reformulación sea sostenida. No me refiero a estrategias, programas, lineamientos estanco, inamovibles, rígidos, porque es verdad que día a día surgen nuevas prácticas, se produce nuevos conocimientos, se generan desde la neurociencia nuevos descubrimientos que podrían aportar a la metamorfosis necesaria.
Tampoco hablo de tomar una postura estática que sea -indefectiblemente- el Norte a seguir, pero sí optar por una forma de trabajo que sea abarcativa, colaborativa, independiente, donde todos estén convencidos y se pueda asegurar desde el timón un rumbo a recorrer; no desde ese cambio quinquenal o errático en la navegación, sino desde una hoja de ruta planificada con antelación. Para algunos sumergidos en el dinamismo cotidiano a veces resulta imposible mirar a largo plazo, por ejemplo una mirada a 30 años suena casi soñadora, pero para otros es imprescindiblemente necesario.
Siempre se me presenta la misma duda, proceso o resultado… lo del Mtro. Tabárez,
pregunto... ¿fue proceso o resultado?
Si mal no recuerdo, Forlán convirtió un penal contra Ecuador de visitante en el minuto 90 que nos dio el triunfo; el empate nos dejaba afuera. Esa posibilidad latente de derrota, nos hubiera dejado fuera del mundial. En tal caso ¿nos hubiera permitido hablar de proceso?... me pregunto, ¿al maestro Tabárez se lo hubiera apartado de su rol de entrenador? o ¿se le hubiera recontratado? Entramos por la ventana y salimos cuartos del mundo. En lo personal, asumo que de verdad existió un proceso, pero también acompañó la casuística de los resultados. De hecho, reafirmo que se debe seguir un proceso en los deportes, así mismo varias figuras del ámbito deportivo opinan lo mismo, sin embargo frente a la circunstancia de no obtener una buena definición o campeonato, lo primero que se suele hacer, es separar a los entrenadores de su cargo… ¿proceso o resultado?
Entiendo que proceso y resultado deben ir de la mano… es tan necesario proyectar un puerto a donde ir cómo evaluar los mejores caminos para arribar a él… optimizar los medios teniendo en claro lo que buscamos.
Es notorio y consabido que existen diferencias en las posturas a tomar y los caminos a seguir, dependiendo de qué lado del tablero provengan. Sin embargo, también está claro el gran abanico de colores que conforman tanto una posición como la otra, porque en este gran bloque que se ha formado nos coloreamos y arremangamos desde el valor de nuestra heterogénea individualidad; para construir puentes verdaderos... que estrechen lazos, que acerquen realidades, que consoliden anhelos y proyectos… De una manera u otra, muchos de ustedes actores políticos, sociales, empresarios, son personas con marcada influencia en nuestra sociedad… y desde ese lugar pueden ser arquitectos de estos sueños.
“Su único pesar no era la soledad, sino que las otras gaviotas se negasen a crecer en la gloria que les esperaba al volar, que se negasen a abrir los ojos y ver.”
Juan Salvador Gaviota de Richard Bach
Prof. Marcelo Mónico


