martes, 21 de julio de 2020

Estabilizar al paciente…




“...llegar a ver a la verdadera gaviota, ver el bien que hay  en cada una  

y ayudarlas a que lo vean en sí mismas.”

JSG



Estabilizar al paciente… 

Hace dos semanas nos tocó a todos -educadores, alumnos y familias- vivir la suspensión de las clases presenciales debido a la cuarentena planteada desde las autoridades nacionales.

Sin lugar a dudas esta decisión nos ha trastocado la vida a todos los involucrados. Generando, entre otras cosas, el traslado de las aulas desde los centros educativos a los hogares.


Rápidamente las diferentes instituciones activaron una amplia gama de mecanismos para poder realizar dicho proceso, y en un plazo de 48 a 96 horas, se generó el acceso a diferentes plataformas educativas a distancia, correos electrónicos, cuentas de docentes, cuentas de estudiantes, autorizaciones para los alumnos más pequeños entre otros procedimientos que se debieron implementar. 

Logramos compartir entre los diferentes actores; tutoriales, herramientas, sugerencias… nuestras redes de comunicación entre docentes eran un muestrario sin fin de recursos inagotables para potenciar y dinamizar el contacto con los estudiantes. 


La verdad es que, me arriesgaría a decir que la mayoría de nosotros no estábamos preparados para afrontar este viraje hacia lo virtual... creo que vale la pena hacer explícitas nuestras limitaciones para poder avanzar hacia la mejora de nuestras prácticas. 

Nuestra formación académica en general ha sido contenidista, pero como docentes tenemos que reinventarnos y seguir aprendiendo a diario, sobre adecuaciones, psicodiagnósticos, acompañamiento, tutorías, nuevas tecnologías, competencias… y ahora esta gran transformación, la mayor revolución a nivel mundial en tan sólo unas horas.


Tengamos en cuenta que hace ya varios años se ha puesto en marcha una batería de acciones para promover y estimular el uso de las nuevas tecnologías en el aula, sin embargo se iba incursionando y gestionando gradualmente.

Algunos docentes, probablemente los que se iban sintiendo más cómodos o se mostraban más audaces eran quienes iban aprendiendo a utilizarlas. Hoy el Covid_19 llevó a que su implementación sea casi obligatoria y masiva, sin importar nuestro propio desarrollo de la competencia digital, sin importar el contexto, sin importar si nos gusta o no, simplemente en un abrir y cerrar de ojos tuvimos que cambiar nuestra dialéctica educativa.

En lo personal asumo que este giro nos puede mostrar una veta ampliamente positiva… la mayor parte de los alumnos no han perdido el contacto con los docentes, ni con el curso, y están desarrollando una forma de aprender diferente; autogestionándose y tendiendo redes solidarias entre ellos. 


Si lo llevo al plano médico, estábamos frente al paciente que hizo un paro cardíaco... aplicamos todas las maniobras para que ese corazón volviera a latir… se actuó de prisa, sin importar secuelas, sin importar el tiempo que llevaba, sin importar otras variables que pasaron a ser secundarias. Lo importante era que ese corazón volviera a funcionar, haciendo un paralelismo con la educación lo sustancial era que el sistema volviera a funcionar y los vínculos a restablecerse.


Así transcurrió la primera quincena de cuarentena para muchos educadores… estabilizar a 'nuestro paciente' llevó muchas horas, muchas conversaciones formales e informales, mucha adrenalina para obtener accesos, recursos, herramientas… y un sin fin de horas tratando de hacer las cosas mejor. Estimo que un buen síntoma de esa rehabilitación es este ‘corazón educativo’ que volvió a latir, funciona y ¡está activo! 


Embarcados navegando esta nueva realidad, muchos docentes cometimos un error esencial, propio de nuestra profesión, propio de trabajar cotidianamente solos y a puertas cerradas, especialmente en el ámbito de secundaria. 

Nos cuesta mirar más allá, otear el horizonte, levantar la vista… somos, por lo general, gaviotas que picotean en lo diario su 'comida'... mi clase, mis alumnos, mi planificación; no solemos tener la mirada profunda, vertiginosa y desde lo alto que puede contagiarnos Juan Salvador Gaviota... ese planeo de águila, capaz de contemplar desde otra óptica nuestra propia realidad. Si fuéramos capaces de esto, nos daríamos cuenta de que no es sólo mi clase, ni sólo mis alumnos, deberíamos tener una mirada mucho más holística, sabiendo que 'compartimos' los alumnos con otros docentes, otras actividades, y por supuesto sus familias. 


Siento que muchos educadores frente a esta situación hemos perdido la capacidad de empatizar con el otro, aunque esa afirmación suene dura. 

¿Por qué digo esto? Porque hemos posteado... subido… un sin fin de tareas con plazos de entrega estrictos, inamovibles; hemos organizado videoconferencias sin acordar previamente con los alumnos, quienes muchas veces tenían otra clase virtual con un colega. Porque hemos dejado de contestar dudas que pueden ir surgiendo y así ir acompañando estos procesos educativos. Porque hemos pedido imprimir sin saber si había impresora disponible en el hogar y aún peor desconociendo si existían medios digitales disponibles durante la jornada escolar. Porque muchas veces el uso de la tecnología depende del resto de la familia, padres y madres que teletrabajan o aquellos que deben concurrir a trabajos presenciales y cuando retornan a casa pueden compartir su dispositivo o computadora, pero se encuentran con actividades inabarcables, consignas sin pautas claras, plazos de entregas ya vencidos. Porque muchas familias ya están en seguro de paro o sin trabajo. Porque deben resolver el cuidado diario de sus hijos y adultos mayores. Y nosotros como docente... continuamos mirando mi curso, mi clase, mi actividad, mi 'chacra'... acentuando así esa inestabilidad general que estamos viviendo todos.


Uff!!... cuánto para aprender, cuánto para seguir reinventándonos, cuánto para mejorar. 

Es hora de acompañar con una mirada más empática, teniendo en cuenta el contexto general, no sólo mis intereses en cumplir con un programa prescriptivo, pautado; de hecho muchas Inspecciones han manifestado mensajes de tranquilidad, calma y acompañamiento a la tarea docente.


Al paciente ya lo salvamos… ¡su corazón late! Llegó el momento de estabilizar, regular, bajar sus pulsaciones… hablarle, que entre en sintonía, lograr la homeostasis para que todo su organismo funcione sincronizadamente de la mejor manera posible.

Este llevar nuestras aulas a clases virtuales ya lo pasamos con éxito. Ahora es necesario que los alumnos y sus familias puedan bajar sus pulsaciones, no abrumarlos… que los estudiantes no pasen doce horas frente a la pantalla, que puedan descansar, jugar, hacer deporte… tengamos presente que faltan muchos días y el encierro así como las heterogéneas realidades personales y familiares, pueden generar diversas situaciones; en algunos casos de construcción y resiliencia, pero en otros pueden despertarse emociones y relaciones de apatía y cansancio. 


 Pero confío en la mayoría de mis colegas docentes… aquellos que con pautas claras, acompañamiento técnico, diálogo con los alumnos y familias, con Equipos de gestión presentes… con acuerdos y buena comunicación entre compañeros de tarea, lograremos estabilizar este emergente.


Sé que todos tenemos que adaptarnos, familiarizarnos, ajustarnos para lograr tener un impacto positivo en el vínculo y los aprendizajes de los alumnos; todo aquello que valoramos como primordial en la primer semana de cuarentena, no debería derrumbarse por un mal uso de nuestros tiempos y estrategias.


Es por eso que les digo a las familias que ‘esto’ se va a solucionar. Es por eso que le digo a los alumnos que ‘esto’ lo pueden hacer. Es por eso que le digo a los docentes que tenemos mucho más para aprender.

Es por eso, que a medida que pasan los días, hay más actores que se suman a los aplausos… 

aplausos a todos los integrantes del sistema de salud, a todos los que mantienen los servicios esenciales, a los docentes, a todas las familias y a todos los alumnos, que son el tesoro más preciados de cada familia, pero también el tesoro más preciado de nosotros como educadores.


Emociona el trabajo a pesar de los errores… lo bueno es que caminando juntos podemos corregirlos. Gracias a todas aquellas familias que los plantean para que nosotros como educadores podamos dosificar las exigencias, replanificar y estrechar lazos que humanicen nuestra relación alumno-docente más allá del formato. 


El paciente está a salvo, ahora hay que estabilizar la situación y ¡continuar aprendiendo juntos! 



“¿No hay límites, Juan?, pensó y sonrió. Su carrera hacia el aprendizaje había empezado”


JSG Richard Bach




Prof. Marcelo Mónico


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