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“Lo intentó otra vez a setecientos metros de altura,
descendiendo en vertical, con el pico hacia abajo y las alas completamente extendidas y estables
desde el momento en que superó los setenta kilómetros por hora. Necesitó un esfuerzo tremendo, pero lo consiguió”
Juan Salvador Gaviota
de Richard Bach
La brújula orientada a no interrumpir procesos, la ruta…
el cambio.
La emergencia sanitaria… las medidas del Gobierno… la no concurrencia a los centros educativos desde el pasado 15 de marzo han dado mucho de qué hablar.
El quedarse en casa ha trastocado la vida familiar; infinidad de adultos con trabajos presenciales sumado al caos de los quehaceres diarios, el cuidado de los adultos mayores y de los hijos, especialmente los más pequeños.
Surgen aplausos y reconocimientos varios a los médicos por su trabajo en estos tiempos, diagnosticando enfermos que pueden o no estar infectados por el virus, visitando hogares o recibiendo pacientes en los diferentes centros de salud. Sin duda que me sumo a esta iniciativa; pero hoy quiero tener presente otros trabajadores.
Los trabajadores independientes en sus distintas ramas; feriantes, vendedores ambulantes, pequeños comercios o microemprendimientos, prestadores de servicios entre otros… aquellos que han visto sus ingresos y su economía perjudicada.
Quiero tener presente a quienes han perdido su trabajo o están en seguro de paro, pues el Covid_19 arrastra mucho más que un tema de salud. La economía se ha visto afectada a nivel macro, pero también en cada hogar, en cada familia. Y los que tenemos la posibilidad de seguir contando con nuestros sueldos, deberíamos ser agradecidos y empáticos con las diferentes realidades del entorno, especialmente con muchas de las familias de nuestros propios centros educativos.
En estos momentos de tanta incertidumbre y desasosiego, quiero hacer mención a todos los educadores, sin importar el sector al que pertenecen, sea este privado o público, inicial o terciario… a todos en general, porque el Covid_19 provocó un cambio en nuestro comportamiento social y en nuestras prácticas educativas. Quizás aún no todos han logrado alinearse tan vertiginosamente a esta “movida digital”, pero cada uno desde su lugar seguramente se replantea el contrato pedagógico alumno-docente y la manera de hacerlo viable, humanizando la competencia digital para sentirnos cerca sin estarlo.
Para aquellos educadores que no utilizaban aún este tipo de tecnologías; fue un paso gigantesco, algo utópico se convirtió en una realidad tangible en pocas horas.
Algunas familias plantean que son demasiadas las tareas que se envían, acotados los plazos de entrega, o consignas que no son del todo claras… en tanto otras manifiestan la falta de contacto desde los centros educativos. Tengamos presente que una Pandemia no es una "oportunidad para mejorar el rendimiento académico desde casa"...
Sin dudas los educadores tenemos mucho por aprender y flexibilizar aún, sin embargo considero que hay que reconocer y destacar algunos puntos importantes.
En 48 horas los docentes migramos del manejo de una aula presencial a estar frente a una plataforma, teniendo rápidamente que resignificar nuestras prácticas y nuestro vínculo con el alumno.
La mayor parte de los alumnos de nuestro país mantienen al menos algún contacto virtual con sus educadores. Las plataformas Ceibal, Google for Education, Edmodo y otras;
Aprendemos estrategias en el día a día y no sólo innovamos en herramientas para subir, descargar o compartir materiales, sino que también aprendemos a dosificar las tareas, las entregas y los tiempos frente a las pantallas; los nuestros, los de los alumnos y también los de las familias.
han multiplicado abruptamente los ingresos, los cursos y la cantidad de docentes y estudiantes que acceden a ellas.
Internet por momentos se ha vuelto lenta; muchos de nosotros nos encontramos trabajando allí la mayor parte de la jornada escolar o laboral. Navegamos con algunas herramientas básicas… una brújula y no mucho más; pero con las ganas y la convicción de saber al puerto que nos dirigimos, ese lugar donde los estudiantes no perderán el contacto con el docente y sus compañeros, aunque este sea vía virtual; un lugar donde se jerarquizan contenidos, pero sobre todo donde se desarrollan y fortalecen las competencias de este siglo.
Me consta la cantidad de horas que implica a muchos colegas aprender, planificar, compartir, equivocarnos, mandar tarea… volver a equivocarnos y dar un buen click para subir algo, después de haber fallado varias veces, ello ha consumido muchas más horas de las que generalmente estamos en nuestros lugares de trabajo.
Conmueve el trabajo de los docentes en nuestros centros educativos… en los del país todo, en la región y el mundo; tratando de adaptarse a esta nueva realidad que hoy nos toca vivir. En una cuarentena casi mundial, donde la mayoría de los centros de enseñanza permanecen cerrados y los educadores están haciendo posible lo imposible, para así continuar brindando a los alumnos una educación de calidad.
Mensajes, correos, llamadas, whatsapp que arden a lo largo del día pidiendo ayuda, ofreciendo un recurso, aportando lo que cada uno sabe o le han compartido.
Esta revolución digital ha dejado de lado, en la mayoría de los casos, el egoísmo que se genera entre docentes para hacer la diferencia y poder estar mejor posicionado, aunque sea en algunas décimas de puntos, para elegir grupo antes que otro colega. Afortunadamente hemos sido capaces de dejar de lado lo negativo del sistema; la competencia, la falta de solidaridad; para así permitirnos poner a disposición de los otros nuestra experiencia y nuestros saberes y así entre todos sumar ideas, descubrir nuevas prácticas y volver a reinventar la dialéctica del “aula”. Es claro que en este camino incierto y desconocido nos reinventamos todos y ¡juntos!
¡Solamente tengo agradecimiento a esta vocación tantas veces castigada!
Gracias a todos los colegas que conozco. Gracias a todos los que no conozco y están trabajando por resignificar y dignificar nuestra profesión docente.
Es por eso que te invito a aplaudir simbólicamente a los docentes, adscriptos, profesores especiales, psicólogos, psicopedagogos, secretarios, auxiliares, personal de servicios, administrativos, personal del área informática, directivos, y a todos los que seguramente me estoy olvidando pero marcan presencia en nuestros centros educativos.
Tal vez no sea aplaudir a determinada hora, determinado día; o quizás sí… ¿por qué no hacernos sentir ese mimo al alma?
Como docentes, nos motiva y reconforta el reconocimiento hacia nuestra tarea; un aplauso es de las mejores demostraciones que podemos recibir frente a nuestra labor, no me refiero a premios, dinero, grandes acciones, sino algo sencillo y significativo que nos anime a continuar con nuestra tarea diaria, un simple ¡gracias! que nos permita sentir en lo cercano a todos los que caminan con nosotros aunque no los veamos.
Imagina llegue el día que el aplauso a los docentes no provenga de los propios docentes sino de otros actores de nuestra sociedad.
Gracias a la vida y al discernimiento por haberme hecho descubrir esta vocación de servicio docente.
¡Este aplauso es para ustedes… este aplauso es para nosotros!

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