miércoles, 22 de julio de 2020

En nuestro Uruguay laico, una semana… con mirada diferente.

“Los graznidos y trinos de la vida cotidiana de la bandada se interrumpieron” 

Juan Salvador Gaviota de Richard Bach 


Participé varios años del grupo “Misión Nazarena”, actividad Provincial de los Hermanos de la Sagrada Familia, con el incansable Hermano Javier -conocido como el Pirincho- a cargo de la misma, aunque había otros varios colaboradores que ayudaban en la implementación.

La Misión se realiza en Semana Santa así como también en receso de clase, los primeros años se llevó a cabo en julio y luego se pasó a setiembre para evitar las bajas temperaturas del invierno.  Al recorrer y visitar las casas en los diferentes lugares del país, en general nos presentamos de la misma manera: “Somos un grupo de misioneros que elegimos pasar la Semana Santa de una forma diferente”. Frase muy usada también para invitar a las generaciones que ingresan a 4º año de secundaria y pueden comenzar a ser parte de esta experiencia.

Somos un país donde el Estado se encuentra disociado de la Iglesia, proceso que comenzó en los últimos años del siglo XIX y culminó a principios del siguiente con la promulgación de una ley que consagra definitivamente la enseñanza laica en el Uruguay.

Desde hace no mucho tiempo, me he dado cuenta que cuando compartimos mensajes pastorales, deberíamos considerar la heterogeneidad de las realidades... convivimos con aquél que lo recibe desde un lugar de fe o que comparte idéntica religión; así como aquél que manifiesta no ser creyente; además de las infinitas variantes que existen entre ambos polos. Eso es parte de lo maravilloso y desafiante… un mensaje que para muchos puede ser sustancial, podemos compartirlo desde nuestro lugar, con la humildad y sencillez que lo transforma en tangible y se hace 'carne' para todos. 

En nuestro pequeño gran Uruguay, al igual que en otras partes del mundo, las celebraciones religiosas han ido mudando su forma, enmarcadas en cambios culturales, creencias... costumbres; es así que muchas de ellas han pasado a tener diferentes nombres... lo que conlleva en sí mismo que todos los habitantes podamos celebrarlas desde nuestro lugar de cristianos o no. En lo personal me maravilla saber que existe ese gran abanico que nos contempla y alberga a todos. Lo que para mí es Semana Santa, para muchos otros es semana de turismo, semana de la vuelta ciclista, semana de las criollas, semana de la cerveza.

Hoy, más que nunca, sin duda cobra sentido aquella frase que tanto hemos escuchado “pasar Semana Santa de una forma diferente”, la situación de emergencia sanitaria que estamos atravesando y las medidas de las autoridades nacionales así lo requiere. 
Esta será una semana diferente... sin turismo, sin vuelta ciclista, sin criollas y sin cervezas (al menos sin la convocatoria popular que tenía dicha fiesta), pero también sin misión, ni misas con comunión, ni procesión para quienes la vivimos como Semana Santa... será una semana realmente atípica.


Siento que, frente a tanta adversidad, es la oportunidad de vivir desde un nuevo lugar este tiempo litúrgico que corre, la preparación para la Pascua. Vivir o transitar la Semana Santa, es ‘pasar’ en siete días lo que muchas veces es nuestra vida, es dar significado y sustancia a muchos momentos representados en los acontecimientos que allí se vivieron.

Domingo de ramos, llegada de Jesús en medio de la multitud que lo aclama. Cuántas veces nos han hecho sentir así frente a algo valioso que logramos o hacemos… cuántas veces lo hicimos con los otros.

Jueves santo, Jesús comparte la cena con sus amigos. Cuántas veces nos juntamos alrededor de una mesa con las personas que queremos; a diario, semanalmente, una vez al año o cuando se pueda; seguramente todos experimentamos esa sensación de regocijo y encuentro.  

Jesús lava los pies a sus discípulos. Cuántas veces nos pusimos de manera desinteresada y humildemente al servicio del otro, así como otras tantas alguien nos dedicó ese tiempo de servicio a nosotros.

Judas traiciona a Jesús. Cuántas veces traicionamos a alguien o a nosotros mismos; cuántas veces podemos sentirnos traicionados en lo profundo de nuestro ser,  por aquél que queremos. Cuántas veces confiamos y nos sentimos luego traicionados.

Jesús oraba en el huerto y los discípulos se quedaron dormidos. Cuántas veces es necesario ‘alejarnos’ de la realidad, tomar un respiro, dar un paso al costado para poder pensar en nosotros o ahondar en las realidades complejas que vivimos. Así como cuántas veces precisamos de alguien que nos cuide, nos acompañe… nos guíe, y ese alguien no estuvo porque “se quedó dormido”.

Juicio a Jesús ante Pilato. Cuántas veces irresponsablemente, desde el desconocimiento, y sin caridad alguna, juzgamos o nos juzgan sin consideración ni misericordia de nuestra situación.

Viacrucis de Jesús. Cuántas veces ‘cargamos’ con las diferentes cruces que nos tocan, más grandes o más pequeñas; pero todos llevamos a cuestas la nuestra. Cuántas veces ‘caemos’ y tenemos que volver a levantarnos, cuántas veces nos humillan o ‘golpean’ y tenemos que seguir caminando. Así como muchas veces nosotros humillamos o ‘golpeamos’ sin siquiera habernos percatado.

Crucifixión de Jesús. Cuántas veces en lo cotidiano nos ‘matan’ o ‘matamos’ con gestos, acciones, palabras o la misma desidia e indiferencia diaria. Cuántas veces nos encontramos solos porque sentimos que nadie puede ayudar, comprender  o resolver aquello que nos pasa.

Resurrección de Jesús. Cuántas veces transformados volvemos a la vida, cuántas veces apoyados en nuestra fe volvemos diferentes después de una caída. 

En esta breve descripción de los acontecimientos más relevantes que vivió Jesús en sus últimos días, podemos -aquellos que creemos en Él- identificarnos con los signos; no obstante por otro lado seguramente todos nos identificamos con el sentimiento cotidiano o la vivencia mundana que trasciende la simbología del relato bíblico. 

Es por eso que cuando logramos comprender, trascender y encarnar lo que vivió Jesús hace casi dos mil años… más allá de nuestra religión; podemos empatizar y comulgar con esas diferentes situaciones diarias que nos toca vivir. 

Desde mi lugar los invito en este tiempo de cuarentena... de cuaresma, a pensar en nosotros, pero también en cada familia y en la situación coyuntural mundial. 
Es momento de retiro personal, para poder parar y pasar la vida de cada uno por el corazón; y de esa forma resignificar cada acontecimiento cotidiano. Puede ser éste... momento para reconocer ¿En qué día de la semana nos encontramos viviendo hoy? 

En nuestro pequeño y gran Uruguay, usualmente nos jactamos de no tener guerras, no vivir terremotos, no pasar por grandes desastres naturales; sin embargo desde hace varios días, este virus que nos desordenó y sacó de la rutina... hoy nos empuja desde este parate a poder mirar, mirarlos, mirarnos… con una mirada más reflexiva, más humana…  más trascendente. 
Por eso simplemente te invito a que; sin turismo, sin vuelta ciclista, sin criollas y sin cervezas… pero también sin misión, ni misas, ni procesión para quienes la vivimos como Semana Santa…  te permitas vivir en tu vida y en tu corazón una semana realmente diferente. 


“Una etapa ha terminado y ha llegado la hora de que empiece otra”

                       Juan Salvador Gaviota de Richard Bach


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