sábado, 20 de septiembre de 2025

El liderazgo en The Bear, aprendizajes colectivos para la educación

 El liderazgo en The Bear, aprendizajes colectivos para la educación

La serie The Bear (Disney+) ofrece una representación compleja del mundo de la cocina profesional, donde los personajes enfrentan tensiones entre tradición y cambio, caos y organización, jerarquías rígidas y nuevas formas de colaboración. Leída en clave educativa, esta narrativa constituye una metáfora poderosa para pensar el liderazgo en instituciones escolares, especialmente cuando se consideran enfoques contemporáneos como el liderazgo distribuido, el liderazgo pedagógico, el liderazgo extenso y el liderazgo de puertas abiertas.

Liderazgo distribuido, del chef único al equipo que decide

Al inicio, Carmen “Carmy” Berzatto centraliza las decisiones y exige al equipo que se adapte a sus estándares. Sin embargo, rápidamente descubre que la sostenibilidad del proyecto no depende solo de su conocimiento individual, sino de la capacidad del equipo para asumir responsabilidades compartidas. Esta transición refleja el principio del liderazgo distribuido en educación, las instituciones no prosperan con una figura unipersonal, sino con la construcción de un entramado de liderazgos donde cada miembro aporta desde su experiencia y saberes.

En el ámbito escolar, este enfoque se traduce en la apertura a que docentes, coordinadores e incluso estudiantes participen activamente en la definición de proyectos, favoreciendo la autonomía y la corresponsabilidad. Así como en la cocina de The Bear cada integrante encuentra un rol que da sentido al todo, en la escuela el liderazgo distribuido democratiza las decisiones y multiplica los recursos para enfrentar los desafíos a partir de un compromiso colectivo.

Liderazgo pedagógico, la cocina como espacio de aprendizaje

El proceso de reconstrucción del restaurante no se limita a los aspectos técnicos, sino que se convierte en un espacio formativo para todos los integrantes. Carmy impulsa la mejora continua, fomenta la retroalimentación y establece rutinas que permiten aprender de los errores. Estas prácticas son análogas al liderazgo pedagógico en la escuela, donde el directivo o coordinador no solo administra, sino que guía procesos de enseñanza y aprendizaje dentro de la organización.

Un director o coordinador pedagógico, al igual que Carmy, necesita acompañar a los equipos en la construcción de saberes, sostener expectativas altas y proveer condiciones para que cada docente crezca profesionalmente. En ambos casos, el liderazgo se mide no solamente por los resultados inmediatos, sino por la capacidad de generar procesos de aprendizaje colectivo.

Liderazgo extenso, compromiso colectivo y riesgo compartido

Más allá del liderazgo distribuido, The Bear muestra algo más radical, un liderazgo extenso, en el que cada miembro del equipo no solo aporta, sino que se compromete integralmente con la tarea. Aquí, la colaboración no se limita a “ayudar” sino a asumir responsabilidades conjuntas y riesgos compartidos. Todos deciden, todos cargan con el peso de las consecuencias, todos celebran los logros y enfrentan los fracasos.

En el plano educativo, este enfoque desafía las estructuras jerárquicas tradicionales para proponer una conducción más horizontal, donde cada actor de la comunidad escolar se reconoce como parte activa del liderazgo. Se trata de una manera de entender la dirección escolar no como un cargo, sino como una práctica que circula y se expande en la colectividad.

La formación en la especialidad como compromiso del líder

Un elemento destacado en la serie es la inversión del líder en el crecimiento de su equipo, Carmy impulsa a cada integrante a perfeccionarse en su especialidad, incluso destinando recursos propios como dinero, tiempo, herramientas como cuchillos para que otros puedan mejorar. Esta disposición revela un rasgo fundamental de un liderazgo educativo transformador como lo es formar líderes que forman a otros.

En la escuela, esto implica que los directivos y coordinadores promuevan activamente la formación docente, generen espacios de actualización y acompañen los procesos individuales de crecimiento profesional. El liderazgo, en este sentido, no se mide por lo que uno logra solo, sino por lo que posibilita en los demás.

Liderazgo de puertas abiertas, la escuela hacia afuera

La cocina de The Bear no está aislada, dialoga con proveedores, clientes, memorias familiares y redes sociales. Del mismo modo, el liderazgo de puertas abiertas en educación trasciende las fronteras del aula y del centro escolar, vinculando a la institución con su comunidad, el entorno social y las demandas del presente.

La serie muestra cómo los vínculos externos condicionan la dinámica interna, la crítica gastronómica, la relación con el vecindario y los aprendizajes traídos de experiencias pasadas influyen en la identidad del proyecto. En la escuela, este principio se traduce en abrir las puertas a las familias, a la comunidad barrial y a referentes culturales o científicos, de modo que el aprendizaje escolar se conecte con el mundo real y aporte a su transformación.

A modo de síntesis

The Bear permite pensar que un buen líder no es quien controla todo, sino quien organiza, escucha, delega, invierte en la formación de los demás y aprende junto con otros. El paralelismo con la educación muestra que la conducción escolar requiere articular un liderazgo distribuido, que reconoce y potencia múltiples voces; un liderazgo pedagógico, que pone el foco en los procesos de enseñanza y aprendizaje; un liderazgo extenso, que convierte la responsabilidad y el riesgo en patrimonio colectivo y un liderazgo de puertas abiertas, que conecta la escuela con su entorno y la hace parte activa de la comunidad.

Ahora bien, llevar adelante este tipo de liderazgo no es sencillo. Supone atravesar tensiones, discusiones y momentos de conflicto que son parte del proceso. No se trata de decir a todo que sí ni de aceptar automáticamente cada propuesta; hay que analizar alternativas, evaluar condiciones, considerar tiempos y reconocer límites. Habrá decisiones que se puedan tomar con rapidez y acuerdos que surjan con facilidad, pero también habrá cuestiones que demanden más debate, más espera e incluso la necesidad de sostener un no argumentado y respetuoso.

En este sentido, el liderazgo no es complacencia ni una suma de concesiones, sino la construcción de un proyecto común sostenido en el diálogo, la deliberación y la búsqueda de soluciones compartidas. La serie muestra que liderar es, muchas veces, aprender a convivir con la incertidumbre y los desacuerdos, sin perder de vista el horizonte común. Del mismo modo, en la escuela se trata de crear las condiciones para que las diferencias no dividan, sino que enriquezcan el camino colectivo.

En definitiva, The Bear no solo ofrece una trama atrapante; se convierte en un espejo en el que vale la pena mirarse. Para quienes ejercen funciones de conducción y gestión, verla puede ser un ejercicio incómodo, pero necesario; animarse a cuestionar las propias prácticas, reconocer tanto los aciertos como los errores, y dejarse interpelar por aquello que aún falta aprender.

La invitación es a no mirarse “el ombligo” ni quedarse en la autocomplacencia, sino a abrirse al diálogo honesto, escuchar las voces que señalan lo que funciona y también lo que duele o se necesita cambiar. Solo así el liderazgo puede transformarse en una tarea verdaderamente educativa; una conducción que no se aferra al poder de decidir, sino que se compromete con el poder de construir junto a otros.

Ver The Bear con estos lentes puede ser el puntapié para asumir que gestionar y liderar implica exponerse, revisar, corregir y crecer, siempre con la disposición de escuchar lo bueno y lo que incomoda. Porque al fin y al cabo, liderar en educación no es sostener un cargo, sino sostener un proyecto colectivo que se renueva día a día.



Mag. Prof. Marcelo Mónico


miércoles, 30 de julio de 2025

Cuidar no es congelar: desafíos de una educación en movimiento








Cuidar no es congelar: desafíos de una educación en movimiento

Una vez más quedó al descubierto una tensión que atraviesa desde hace tiempo el sistema educativo

uruguayo: la defensa acrítica del statu quo bajo el argumento de “cuidar” la educación. Se alzan discursos

en nombre del resguardo, de la historia compartida y de los derechos conquistados, pero muchas veces ese

resguardo se transforma en inercia, y esa historia compartida se convierte en un argumento para clausurar

cualquier revisión profunda del hacer cotidiano en las prácticas con estudiantes y en las instituciones.


Desde el lugar de quienes asumimos roles de gestión, y por tanto el compromiso de acompañar las

transformaciones necesarias, no podemos dejar de preguntarnos: ¿qué se cuida cuando se rechaza de plano

toda posibilidad de cambio? ¿Quién se protege cuando se impide siquiera debatir ajustes a una estructura

que hace tiempo muestra señales de desgaste? ¿A quién le importan los estudiantes?


El sistema educativo no está en crisis por reformas ni transformaciones, está tensionado porque durante

años se ha evitado abordar con profundidad temas estructurales: la fragmentación de los itinerarios

formativos, la escasa conexión con los intereses y trayectorias reales de los estudiantes, las debilidades en

la formación continua, la rigidez de los modelos de gestión escolar, necesidades que no corresponde atienda

el sistema educativo, entre otros. A estos problemas de fondo, muchas veces se les responde con consignas

cerradas, con negativas automáticas, con el uso de los mecanismos participativos como espacios de trinchera

antes que como verdaderos dispositivos de diálogo.



El encuentro y la participación docente es una instancia valiosa, histórica y necesaria. Pero también es una

herramienta. Su potencia no radica solo en su existencia, sino en el uso que hagamos de ella. Cuando se

convierte en un espacio de veto sistemático a toda propuesta, cuando se niega la posibilidad de preguntarse

si algunas cosas deben cambiar, pierde su sentido pedagógico y político. Participar no es decir siempre que

no. Participar es involucrarse, proponer, mejorar, transformar con responsabilidad. Y eso requiere salir de

la zona de confort.



En múltiples centros educativos del país vemos cómo, año tras año, se reproducen formas de enseñar, de

evaluar y de organizar la vida escolar que no logran incluir ni sostener a miles de estudiantes. Sabemos

que las trayectorias se interrumpen, que las aulas muchas veces no habilitan preguntas significativas, que

el sistema “funciona” para un perfil muy reducido de adolescentes. Y sin embargo, ante cada intento de

revisión, buena parte del discurso se posiciona en el lugar de la defensa de lo dado, como si cambiar fuera

renunciar a lo esencial.



Pero conservar sin revisar no es cuidar. Es inmovilizar. Es dejar de asumir el compromiso ético que

tenemos como educadores: interpelar nuestras prácticas, leer el contexto, abrirnos a otras miradas y asumir

que educar hoy no puede hacerse con recetas de ayer.


No se trata de aceptar cualquier cosa. Se trata de reconocer que necesitamos transformaciones y que éstas

deben hacerse con la participación de todos los actores, sí, pero también con disposición al acuerdo, con

argumentos, con datos, con mirada pedagógica y no solo mirada partidaria. Quedarse en el “no” como

postura permanente no construye. Deslegitima incluso las luchas que sí son necesarias.


Desde una perspectiva de política educativa comprometida con la justicia, el diálogo, y la mejora continua,

es urgente recuperar el sentido de responsabilidad compartida. El rol docente es central en cualquier

transformación, pero no puede ejercerse desde un lugar inamovible. Así como se exige respeto y escucha,

también debe haber disposición a cambiar, a revisar, a proponer caminos nuevos.


La educación merece ser defendida, pero esa defensa no se hace negando el presente. Se hace pensándola

con honestidad, reconociendo sus logros, pero también sus límites. La inacción, en nombre del cuidado,

muchas veces termina siendo abandono. Y no hay mayor injusticia que conservar estructuras que excluyen,

sin siquiera intentar hacerlas más inclusivas, más significativas, más habitables para quienes aprenden y

enseñan cada día.

Habitar la educación desde la gestión es también un acto de coraje. Significa no conformarse con lo que hay

si no responde a las necesidades de hoy. Significa incomodar con preguntas que incomodan. Significa

entender que cuidar no es inmovilizar. Cuidar es transformar con responsabilidad.

¿Evaluamos para incluir o para excluir?

En nuestras aulas, a esta altura del año, muchos docentes plantean que no es extraño encontrar estudiantes de

9º año que no saben escribir con fluidez, que tienen dificultades severas para comunicarse oralmente, que no

logran sostener procesos básicos de aprendizaje, incluso cuestionan (a otros colegas) de cómo hicieron para

llegar. Sin embargo, en lugar de revisar el proceso, las condiciones, los acompañamientos, muchas veces lo

que se propone como salida es que “vayan a examen”, “que no se tenga miedo a decir la palabra examen”.

Pero… ¿un examen hace que una persona aprenda a escribir? ¿Un tribunal corrige la falta de estrategias,

de tiempo, de apoyo, de escucha sostenida en el aula? ¿Qué es lo que evaluamos realmente cuando un

estudiante que no puede siquiera formular una idea es expuesto a una prueba individual, con tiempo

limitado y sin condiciones adaptadas?

Esta lógica, que a veces se justifica bajo el nombre de “exigencia” o “justicia académica”, en realidad

muchas veces actúa como mecanismo de expulsión. No es neutral. No es pedagógica. Y lo más preocupante

es que naturaliza dejar a estudiantes fuera del sistema, con el único argumento de que “no llegan”. Me

cuestiono seriamente y para mí hay una respuesta clara, ¿lo que no logra en el apoyo lo hará con un

examen?

¿Qué pasa con los que no llegan?

Según los informes de la DIEE (Dirección de Investigación y Evaluación Educativa) del CODICEN, los

datos son contundentes: Uruguay sigue teniendo tasas altas de repetición e interrupciones en la educación

básica integrada. Los estudiantes que repiten o que abandonan intermitentemente tienen muchas menos

probabilidades de terminar el ciclo, y aún menos de continuar con éxito la educación media superior. Cada

repetición incrementa el riesgo de desvinculación total.

Los indicadores muestran que hay un punto de quiebre claro: estudiantes que repiten dos veces antes de

terminar 9º año tienen hasta un 70% menos de probabilidades de egresar. El sistema no los retiene, no los

acompaña. Los empuja a irse.

¿Queremos un sistema que solo se quede con quienes pueden adaptarse a sus normas y tiempos? ¿O

queremos una escuela que acompañe, que habilite, que construya otras formas de aprender y de evaluar,

sin perder exigencia pero ganando en justicia?

La verdadera exigencia no es dejar a estudiantes afuera. Es asumir el desafío de que todos aprendan, aún

con trayectorias diferentes, con tiempos diversos, con apoyos específicos. Porque educar no es seleccionar,

es incluir.



Mag. Prof. Marcelo Mónico

domingo, 12 de marzo de 2023

Miradas, solamente a veces cambia el foco


¿Qué observamos al mirar la imágen?
Basta mirarla para poder entrar en discrepancias. Algunos verán una copa mientras que otros podrán observar dos caras.

Entonces, ¿cuál es la respuesta correcta?
No hay una única verdad, sino que las respuestas son correctas teniendo en cuenta dónde se pone el foco. Quienes se centren en lo blanco será más fácil ver la copa, mientras quienes se centren en lo negro será más fácil poder ver las caras, y todos tienen razón.

En los últimos días, participando de la liga de fútbol dónde concurre mi hijo, se vienen viviendo situaciones similares a la foto. Depende dónde se ponga el foco algunos u otros tendrán la razón. Eso no es lo preocupante, porque es parte de lo cotidiano al tener que tomar posturas, creo que lo que sí llama la atención es cuando se quiere cargar esas miradas de intencionalidades poniendo a los niños y niñas como rehenes.

En lo personal al igual que la comisión del club que participa mi hijo, creemos que es importante que los orientadores técnicos estén formados, que tengan su curso realizado lo que los habilita a poder estar presente en cancha y dirigir el partido, cosa que aparte está reglamentada. Eso fue lo que votamos, tan simple y sencillo como que se cumpla el reglamento en algo que debería dar garantías para proteger a los cientos de niños y niñas que participan de este deporte. Sin embargo algunos tildan esa actitud de no pensar en los niños y niñas ya que no todos los clubes tienen orientadores con carnet y por eso se decide que no arranque el campeonato.

Parece que pedir personas con formación es no pensar en los que juegan, y estoy convencido que es lo contrario.
Pedir el carnet implica que en esa formación los orientadores se hayan formado en temas como reglamento, técnica, táctica, en aspectos referentes a la salud, métodos de enseñanza, psicología entre otros. A esto se le suma tener los registros solicitados por ley vinculados a buena conducta y antecedentes de abuso.

Como educador, creo que lo más importante que tienen los clubes son los niños y niñas.
Me pregunto si este juego, más allá del juego no es una instancia de aprendizaje,... me pregunto si los orientadores técnicos no son educadores… me pregunto si como directivos no tenemos que velar por la mejora de los clubes y la liga.
Convencido de la postura tomada, convencido de que no vale todo, convencido de que es necesario hacer los cursos de formación, convencido de que se deben facilitar y brindar las condiciones desde las autoridades para formar a todos los que orientan a los niños, convencido que se le debe dar apoyo a todos los clubes para tener este requisito tan válido y necesario.

No queremos parar el fútbol, de hecho votamos para jugar, solamente queremos hacerlo con educadores formados que acompañen a nuestro hijos e hijas, tan simple como eso, porque para nosotros esto es más que fútbol, para nosotros es educación, y en educación no vale todo.

Invito a cambiar el foco y que quienes tienen que dar esta formación abran más cursos, los hagan más intensivos, existan opciones de virtualidad, den más cupos, hagan lo necesario para que los clubes puedan cumplir, más allá del reglamento, cumplir con tener personas preparadas que eduquen a todos nuestros hijos e hijas.

Precisamos gente con formación porque los más importantes son los niños y niñas, muchas veces en situaciones personales y familiares muy vulnerables, y debemos desde estos lugares darles garantías y cuidarlos, porque ellos son los únicos protagonistas.

Seguiré defendiendo la educación en general, esa que trasciende la escuela, en este caso, esa que se da en un rectángulo de juego.

Mag. Prof. Marcelo Mónico

domingo, 5 de marzo de 2023

Domingo, antesala de muchas ilusiones…antesala de acompañamiento.

Se va el domingo… y con él las vacaciones para muchos niños, niñas y adolescentes.

Se va el domingo, llega el lunes… y con él docentes ansiosos por conocer a sus estudiantes; estudiantes a la espera de un nuevo comienzo que deparará algo diferente.


Lunes con padres y madres que vivirán su primer desapego al dejarlos en la puerta de una escuela, otros que vivirán su último primer día al culminar el liceo o la UTU. 

Lunes con miles de personas pendientes de ese primer día, ¿cómo te fue? ¿qué hiciste?, ¿qué te gustó?, ¿cómo te sentiste?… lunes con grandes ilusiones para muchos de nosotros.


Año especial, año de transformación y cambio, año donde todos tenemos la oportunidad y responsabilidad de acompañar a miles de estudiantes desde nuestros diferentes roles, ya sea como directivo, docente o familia de sangre o de corazón.


Como adultos es necesario comprometerse y estar presente en el trayecto educativo que realizarán, sabiendo la importancia y seguridad que podemos darle en el transcurrir diario, sobre todo en aquellas situaciones que pueden ser más difíciles o vulnerables.


Se va el domingo, y con él viene una palabra fácil de decir pero muchas veces demasiado difícil para llevar adelante y vivenciarla. Se va el domingo y con él viene el acompañamiento.


Acompañamiento que es necesario entre estudiantes, y sin dudas del docente a los estudiantes para poder tener en cuenta las particularidades de lo más preciado que tenemos que son ellos.


Acompañamiento entre educadores, compartiendo, haciendo un trabajo colaborativo real, donde el intercambio y la formación fortalezcan nuestras prácticas.


Acompañamiento de directivos a educadores, reconociendo las capacidades, comprometiendo y compartiendo con sus docentes, ayudando en lo que podamos, haciendo correcciones fraternas que sirvan a la mejora de todos.


Acompañamiento a directivos desde diferentes roles, docentes, otros directivos, inspecciones. 


Acompañamiento poniendo a disposición las buenas prácticas que podemos tener, acompañamiento generando instancias de aprendizaje, acompañamiento formando comunidades educativas que realmente pongan en práctica todo su potencial.


Estoy convencido que con el aporte de cada uno en su tarea, con compromiso y profesionalidad, podemos llevar adelante este año con nuevos desafíos.


Se va el domingo… y este lunes no es un lunes cualquiera, es uno con miles de ilusiones.

Se va el domingo… y con él se esperan muchos acompañamientos.

Se va el domingo… y con él llega un nuevo comienzo de clases.

Se va el domingo… y con él un sin fin de ganas de que cosas buenas sucedan.

Se va el domingo… descansen, disfruten que se va el domingo, disfruten que viene un tiempo hermoso para gastar la vida desde esta vocación de educadores.

Se va el domingo… y con él llega un gran deseo para este año 2023.

Mucha ilusión y ganas, convencido que es posible todo lo que soñamos.




Mag. Marcelo Mónico



domingo, 6 de marzo de 2022

Comienzo curso 2022, ilusión para encender la llama


Mañana es un gran día, una vez más se da un comienzo de cursos… y con las ilusiones renovadas, imaginamos lo que pasará a lo largo del año. ¿Quiénes serán los estudiantes? ¿cómo será el docente? ¿qué amigos tendré? ¿cómo aprenderé? y un sin fin de preguntas, que verbalizadas o no, muchos miles de educadores y estudiantes las tendrán estos días en su cabeza y corazón.

Esos “nervios” del comienzo de una nueva etapa se vivirá hoy al ir a la cama, cuántos habrá que casi no duerman esta noche por todo lo que genera la ilusión que comienza mañana. 

Esa ilusión que nos envuelve a todos independiente del rol que nos toca en la educación, porque mañana tenemos una vez más la oportunidad de sembrar, de tener en cuenta al estudiante y hacerlo protagonista.


El estudiante como protagonista, así como el foco en que aprenda, es algo no discutible, es la razón, o debería ser la razón de ser de todos los que estamos en la educación. 

Si está claro que el foco es ese, mañana comencemos convencidos de que eso suceda.

Cada uno de ellos es una brasa, que debemos acompañar, cuidar, soplar, sacudir, mover, arrimarle algo, para que se transforme en un fueguito donde nunca más se apague esa llama.


Para eso tengamos en cuenta al grupo en general con las particularidades que traiga, a cada estudiante con su historia, presente, dificultades o facilidades, donde podamos descubrir cómo “soplar” para que se encienda. No tenerlo en cuenta como individuo, con su trayectoria, hará que estemos cometiendo un gran error, y como tantas veces dije, que lo estemos “estafando”; y si eso sucede, no estamos cumpliendo con nuestra tarea. Acompañemos atentos a lo que ellos precisan para poder desarrollar las habilidades que hoy se necesitan para insertarse en el mundo que les toca vivir.


Lo mismo va para los cuerpos directivos, quienes deben hacer esa tarea con todos sus educadores, saber sus potencialidades y debilidades, ver cómo dar apoyo, estar presente, ayudar a descubrir el potencial, ser líderes de gestión, pero sobre todo pedagógicos para que la “magia” suceda y todos podamos aprender. Los docentes también son brasas que los directivos deben estar cuidando que no se apague y para eso deben estar presentes en lo que sucede en la escuela, desde la humildad y al servicio del rol que les toca vivir.


Para que todo suceda, tanto desde los directivos a los educadores, como de educadores a estudiantes, hay algunos aspectos que debemos tener en cuenta, anotarlos y ver cómo la vamos llevando adelante. Alguno de ellos son una planificación colaborativa, participación, desarrollo profesional docente, una buena comunicación, liderazgo en los procesos que se llevan adelante -administrativos y pedagógicos-, generar autonomía, movilizar el cambio de algunas prácticas docentes, construir capacidades, tener el foco en una mejora continua, que se formen comunidades de aprendizaje… y para que todo esto suceda, debe existir condiciones institucionales que lo permita. Aprovechemos los espacios comunes, planifiquemos bien las coordinaciones institucionales, de modo que se quiera participar porque son útiles para la tarea cotidiana en el aula.


Muchas ilusiones, mucho desafío, y como cada año, el deseo de seguir transformando lo que pasa en este ámbito tan grande que es el educativo, porque con esas mínimas acciones que se toman en el aula o en un centro, estamos colaborando con un entramado mucho más complejo como sociedad donde todo termina repercutiendo.


Hoy es domingo, descansemos todos, pero con el gran desafío que mañana, una vez más, la máquina se pone en movimiento, y es el deseo mío, y seguro de muchos, de que cuando arrimemos al cierre en diciembre, podamos decir tarea cumplida.


Buen año 2022, la ilusión está intacta, las ganas también.

En lo que pueda ayudar, acá estoy… para seguir soplando desde donde me toque, para que cada brasa siga encendiendo esa llama.



Prof. Marcelo Mónico


lunes, 7 de febrero de 2022

Habilidades blandas: comunicación, resolución de problemas, gestión y organización de tiempos.


Hay habilidades denominadas blandas que permiten trascender a un área o disciplina académica. Son aquellas que desde nuestros hogares empezamos a desarrollar, sin embargo el aula puede potenciarlas aún mucho más.

Conceptualizando este tipo de habilidades, como aquellas que nos ayudan a conocernos y relacionarnos con los otros, a poder afrontar con mayor creatividad desafíos o problemas planteados, a manejar la comunicación, a poder seguir caminando hacia el cumplimiento de los objetivos planteados, así como a la toma de decisiones.

En esta oportunidad, compartiremos las habilidades relacionadas a la comunicación, resolución de problemas así como gestión y organización de los tiempos.

En la medida que se trabajen de manera continua en las clases, se irá generando una internalización de las mismas, lo que nos llevará a poder cumplir con el objetivo final de aplicarlas en acciones cotidianas que tengan que afrontar todos los estudiantes.

Destacar la importancia de que -antes de llevarlas al aula- los propios docnetes las pongamos en juego, de manera que al plantearlas a los educandos, puedan vivir con naturalidad las mismas, vivenciando al docente como formador de estas habilidades.

Es necesario entrenarlas para poder ayudar a que otros las entrenen, y de esta manera, se podrá ir volviendo natural el accionar de todos en nuestra comunidad.

Compartiremos algunas formas de trabajar estas habilidades, pero con el desafío de que no sean aplicadas como recetas, sino que conociendo a nuestro grupo de trabajo, seamos capaces de usarlas, adaptarlas o descubrir nuevas herramientas que sirvan para poner este tema sobre la mesa y colaborar con una educación más íntegra y no solamente academicista. Sólo en la medida que nosotros nos arriesgamos, podremos ser capaces de transmitir instancias nuevas, de tal forma que las vivencien y aprendan de manera significativa.

Una forma de trabajar en habilidades blandas, a partir de diferentes recursos planteados en el aula es hacerlo en grupos. En este caso, es fundamental tratar de que los mismos sean lo más heterogéneos posibles, para esto se puede tener como referencia.

Comunicación

La comunicación es una habilidad fundamental para relacionarnos con los otros. Permite poder plasmar una idea o pensamiento, y en la medida que sea lo más claro y explícito posible colabora con el entendimiento del mensaje. Vale destacar que no es solamente la comunicación verbal la que debemos potenciar para su desarrollo, sino que muchas veces la corporal adquiere un papel fundamental para aspectos de la vida cotidiana.

Algunas actividades a realizar:

Buscando la mitad

Se arman equipos de 3 o 4 personas y se les entrega un sobre con las mitades de diferentes cartas. Cada equipo debe salir a negociar con los otros para poder conseguir las mitades que le hacen falta. Quien logre tener más cartas completas será el ganador.

En este juego, deberán comunicarse y sobre todo negociar para tratar de alcanzar ganar el juego. 

Construyendo

Se divide a la clase en  grupos de manera que queden tres integrantes en cada uno.

Existen tres roles diferentes, uno será el director, otro el constructor y el tercero el mensajero.

Todos deberán tener la misma cantidad y forma de piezas, de manera que pueda funcionar el ejercicio planteado. 

Primero el constructor armará una figura utilizando una determinada cantidad de piezas. Luego le dará al mensajero las piezas necesarias y este se las llevará al constructor. Una vez que las recibe, con las instrucciones del comunicador de cómo ponerlas, deberá armar una pieza idéntica a la que tiene el constructor. Vale decir que nunca puede mirar el original sino que debe ser realizado por la guía recibida.

Solamente 4

Este juego trata de que todos los participantes estén en una ronda sentados. Se comenzará con cuatro voluntarios que se pongan de pie; y la dinámica consiste en que cuando estos se van sentando, alguno de la ronda se deberá parar de manera que siempre estén cuatro participantes de pie.

Este juego desarrolla la comunicación no verbal y a su vez el trabajo en equipo.

Digo y dibuja, dime y dibujo

Se ponen en parejas, y deben estar espalda con espalda. A uno de los integrantes se le da un objeto, el cual debe describir sin decir su nombre. El otro participante deberá dibujarlo y que el resto de los estudiantes posteriormente lo adivinen.

En esta oportunidad, se practica la comunicación verbal para que se pueda realizar el dibujo y la comunicación gráfica a partir de la construcción del mismo.

Dígalo con mímica

Se arman dos o tres equipos.Un integrante de uno de los equipos recibirá una idea, palabra o situación por parte del educador, y deberá representarlo para que el resto de sus compañeros lo adivine. Gana aquel equipo que más acciones o palabras haya adivinado.

El teléfono descompuesto

Se arma una fila, donde todos los estudiantes miren hacia adelante. El educador se para al final y da un mensaje al último de la fila. Este mensaje puede ser verbal o una mímica representando algo. Quien recibe el mensaje toca el hombro de su compañero de adelante, quien se dará vuelta y recibirá el mensaje que este entendió y así sucesivamente hasta llegar al primero. Allí se comparará el mensaje final recibido y el original, viendo si existió alguna distorsión en el mismo.

En caso de ser muchos participantes se podrán hacer dos filas para que sea más ágil, compitiendo entre ellos al que pueda dar el mejor mensaje final en concordancia con el original.

Resolución de problemas

El resolver problemas es una habilidad fundamental a adquirir, la que nos permitirá en situaciones límites poder destrancar situaciones llevando a buscar y encontrar soluciones en momentos claves o de crisis. En un mundo tan cambiante, poder incorporar esta competencia podrá abrir caminos para situaciones inimaginables que toque transitar a lo largo de la vida de cada uno de los estudiantes.

Algunas actividades a realizar:

La caída del huevo

Se arman equipos según el número total de participantes. A cada uno se le da un huevo, papel de diario, fideos, alguna tela, cinta adhesiva, entre otros elementos que puedan existir en el aula o se le ocurran al educador.

El equipo deberá generar una envoltura para proteger el huevo, para esto tendrán unos 10 o 15 minutos. Luego se lanzará el huevo con la protección correspondiente para ver si logra mantenerse sin romper. Se podrá lanzar desde una mesa, un balcón o una azotea dependiendo de la infraestructura del local. Ganará el equipo que mantenga intacto el huevo.

Sobreviviendo

Se plantea al grupo que irán a una lista y podrán llevar solamente tres objetos cada uno. En principio los anotan en una hoja y comparten al resto lo elegido y el por qué del mismo. Luego a cada estudiante se le dice que elimine dos de esos objetos quedándose con uno solo, planteando al grupo el que eligen y el por qué de esa decisión. 

Finalmente de todos los objetos que quedan para llevar a la isla, deberá el grupo elegir solamente tres, tratando de llegar de forma unánime y no por votación. Para eso deberán tomar la decisión a partir de las diferentes fundamentaciones realizadas.

Escapando

Se arman dos o tres grupos, y a cada uno se le dan pistas o algo a resolver para poder ser “liberados” de ese espacio. Pueden darse puzzles para armar o desafíos a cumplir. En la medida que sean resueltos los mismos, podrán recibir esa llave y ser libres nuevamente. Dependerá de la toma de decisiones colectiva, el tiempo que se demora en cumplir con el objetivo.

El refugio

Se arman equipos de 4 o 5 estudiantes y se les dan diferentes materiales, cinta, papel, cuerda, tela entre otros que puedan existir en la clase o se te puedan ocurrir.

Posteriormente se le dice a cada equipo que elija a un líder para guiar la expedición a la Antártida. Una vez que es elegido, se le plantea que el líder tiene las manos congeladas, y el resto del equipo ha quedado “ciego” por el resplandor en la nieve. Por tal motivo deberán armar una construcción donde el líder guíe el proceso sin poder tocar nada y el resto arme el refugio sin poder mirar nada, para lo que tendrán un tiempo de 30 minutos.

Una vez terminado, el educador prenderá un ventilador y ganará aquel refugio que sea capaz de soportar los vientos de dicha tormenta.

Gestión y organización de los tiempos

Es un desafío cotidiano el gestionar los tiempos, desde que nos levantamos hasta que nos volvemos a acostar. Poder planificar nuestra organización temporal facilitará el cumplimiento de las tareas, aún cuando surjan imprevistos que nos obliguen a no poder llevar adelante la ejecución pensada para alguna de nuestras acciones. 

Aprender a organizarnos en las tareas y tiempos nuestros, así como en las del otro, permitirá ser más eficientes y cumplir con los plazos establecidos ya sea a nivel de estudio o laboral.

Algunas actividades a realizar:

Agenda

El enseñar a los estudiantes a usar una agenda, sirve para poder visualizar algunas de sus actividades y poder organizarse para poder llevarlas adelante. Esto es solicitarles a los estudiantes que puedan llevar una agenda (papel o virtual) y poder poner allí las actividades que realizan. Las mismas podrán ser compartidas en algunas instancias, sobre todo haciendo énfasis en cómo han sido vividas.

Se puede utilizar no solo en formato papel, sino dependiendo de la clase en agenda de celular o incluso en calendarios vinculados a sus correos electrónicos en caso de que los tengan.

Guardando todo

Se forman equipos de 3 o 4 personas. A cada equipo se le da un frasco de vidrio, piedras grandes, piedras medianas, piedras chicas, arena y agua.

Se les plantea que deben tratar de poner todos los elementos dentro del frasco.

Cada equipo determinará en diálogo cuáles son los elementos a poner primero y cuáles después. Solamente en la medida que se pongan de mayor a menor tamaño, podrán entrar la mayor cantidad de ellos. Lo que permite concluir de esa manera en que si empezamos por lo más importante, habrá espacio (tiempo) para todas las demás actividades. 

Sin lugar a dudas, se abre otra ventana de poder discernir cuales son aquellas cosas importantes que serían prioritarias y cuáles a descartar, lo que implica otro desafío para los educadores, familias y los propios estudiantes.

Quitando el tiempo

Se puede realizar tanto de forma individual o grupal.

Cada participante o grupo identifica aquellas cosas que lo distraen y no permite una eficiencia. Luego tratan de encontrar situaciones que permitan resolver esos problemas. Puede ser una actividad que se haga en un momento o en varios días.

Con el pasar de los días se evalúa trabajando nuevamente nuestras actividades, de manera que se pueda tomar conciencia si esas soluciones fueron acertadas para concretar nuestro propósito. De lo contrario se pueden ver nuevas alternativas para lograr el objetivo deseado.

Mi tiempo es ahora

Esta es una actividad individual, que permite a cada uno de los estudiantes poder identificar cuáles son los tiempos que ellos sienten que pueden funcionar mejor, y para eso se podrán poner diferentes situaciones de las que viven los estudiantes.

A cada uno se le da un papel con los diferentes días y horas. Los estudiantes anotan en dichas columnas (correspondientes a determinadas horas) el estado de “ganas” en el que se encuentran en esos momentos. Puede marcarse de 1 a 5 (siendo 1 el mínimo y 5 el máximo), o bien en porcentajes.

Esto permite a los participantes visualizar cuándo es que se dan sus mínimos y máximos, y de esta forma poder aprender a focalizar aprovechando mejor su tiempo.

Conclusión

Llevar a las clases diferentes dinámicas de juegos, les permite  a los estudiantes aprender a través de la experiencia y de una forma totalmente diferente. Si bien, el juego por el juego mismo,  es de gran necesidad para la recreación y el vínculo entre diferentes personas, podemos llevar lo lúdico para -intencionalmente- trabajar determinadas situaciones que están muy relacionadas con las habilidades blandas.

Considerar estos aspectos, permitirá que los estudiantes, desde muy pequeños, puedan ir tomando conciencia de ciertas dimensiones y habilidades a desarrollar o descubrir así como también potenciar y de esta manera hacerlas presentes en su desarrollo personal.

Es fundamental que podamos ayudar a que adquieran dichas competencias, de manera que conociéndose a sí mismos, puedan dar lo mejor de sí, para contribuir desde sus características a la vida cotidiana que llevan adelante.


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