miércoles, 31 de marzo de 2021

Las habilidades blandas.


Si hacemos un paralelismo entre deporte y educación, ¿alguna vez te preguntaste con qué deporte lo harías? Quizás en más de uno encontremos similitudes, pero hoy nos detendremos en el basquet.

Cada equipo al momento de acercarse un partido piensa en ese encuentro, las fortalezas y debilidades de cada rival, así como las propias… y de esa forma elabora la mejor estrategia de juego para poder triunfar. Los educadores podemos pensar en una planificación general seleccionando temas, buscando competencias a desarrollar, poniendo énfasis en lo que creemos que es mejor para impactar positivamente en los procesos de enseñanza y aprendizaje, pero sobre todo considerando el diagnóstico de grupo para poder “triunfar” en ese partido.

 Pero… ¿qué es triunfar? Muchas veces nos toca ganar, muchas veces perder. Hay más fracasos que triunfo, pero eso es para los resultados, para la tabla de posiciones. Sin embargo, cada vez que se da una derrota, sacamos ’algo’ positivo, ‘algo’ que perfeccionamos y eso nos sirve para afrontar el nuevo partido. 

¿Qué tiene que ver esto con la educación?

Durante 2020 nos vimos obligados a resignificar el encuentro pedagógico, casi antes de comenzar nos cambiaron las reglas. Pensamos jugar en un gimnasio y nos sacaron a una cancha abierta, donde otras variables como el viento o el sol pueden ser muy importantes si no conocemos el terreno y jugamos de visitante. El piso no era flotante sino de hormigón lustrado, incluso en algunas partes con pedregullo donde cada caída duele, pero nos volvemos a levantar. De todas formas, en cada comienzo de año los educadores despertamos ese sentir, esa incertidumbre, esa confianza que nos impulsa, nos motiva y nos invita a arrancar con todas las energías puestas en la ‘cancha’.

Cuando empieza el partido, la pelota va al aire y dependiendo quien ponga la mano, atacamos o defendemos en esa primera instancia de juego. En cada comienzo, esa pelota va al aire, y en base a la situación del grupo, de las condiciones externas, diagnosticamos, atacamos o defendemos.

Muchas veces nos encontramos defendiendo fortaleza, atentos a lo que pasa, dialogando con los compañeros, tratando de no dejar grietas para no quebrarnos, cuidando nuestra defensa, cerrando líneas e intentando que no nos conviertan.

En otros momentos, viendo las mejores opciones, buscando la mejor ubicación para convertir,  hacer el tanto y volver a estar pendiente con una buena defensa para conseguir nuevamente la pelota e intentar otro gol. No es necesario querer ganar de triples; no siempre se convierten y muchas veces nos hacen entrar en desesperación. 

Nada como mover el balón, siempre hay un pase extra, que nos permite anotar y de a poco ir haciendo la diferencia.

Por momentos, sentimos verla pasar. En otros nos hallamos con buen control de pelota. A veces corremos de un lado a otro de la cancha, levantamos la cabeza y vemos más allá del que tenemos adelante. Incluso durante algunos instantes somos el propio balón, que golpea contra el piso una y otra vez,  varios son los sentimientos que podemos tener a lo largo del año.

Lo importante es que cerca de nosotros siempre hay alguien que tiene otra mirada, que sabe pedir un minuto para ordenarnos, cambiar de táctica y volver a la cancha, porque nunca o casi nunca se puede aplicar la misma estrategia durante los 40 minutos de juego. ¡Eso es fascinante!… pensar la mejor estrategia acorde a lo que estamos viviendo, escuchar a los compañeros, los técnicos, el entrenador, pensar, definir y ejecutar. Claro que no siempre sale lo que pensamos como lo pensamos, pero lo bueno del básquetbol es que podemos volver a pedir tiempo y replanificar. Durante el año escolar, pensamos, defendimos, atacamos, planificamos, pedimos tiempo, consultamos, cambiamos estrategias, volvimos a empezar y así una y otra vez. 

El básquetbol es un juego colectivo, de equipo, donde nos precisamos todos y cada uno desde su rol. Desde el momento que estamos en cancha, necesitamos apoyarnos en los compañeros, todos defendemos, todos atacamos, es la manera más fácil de poder ganar. En educación todos los jugadores también necesitamos llevar el partido adelante: directivos, docentes, administrativos, personal de servicio, familias, estudiantes. Toda la comunidad educativa es parte.

Uno de los encantos del básquetbol, redunda en que no se empata, se pierde o se gana, y ese es el gran desafío cada vez que comienza un partido. Salir a ganar siempre, sabiendo que la mayoría de las veces hemos perdido, también tiene su encanto. Porque hace aprender, crecer, madurar, avanzar, ver nuevas realidades. En el partido no se busca otro resultado que ganar, se sale a dejar todo, no se puede tocar la pelota al costado, no se puede hacer tiempo;  tenemos que convertir porque eso es lo que nos hace triunfar.

Como educadores, nos vemos interiormente obligados a dar lo mejor para alcanzar nuestros objetivos. Muchas veces iremos de un lado al otro, defenderemos o atacaremos, tendremos que pedir un minuto para tomar aire y escuchar y podremos sentarnos a descansar unos instantes para volver a la cancha a jugar. Lo que queda claro es que, en la educación los docentes ponemos en juego todo nuestro potencial, no daremos una por perdida, cambiaremos las estrategias sin importar en qué cancha juguemos, seguro queremos llegar a más. Sabemos que somos muchos en el equipo dispuestos a colaborar para avanzar es importante. En cada partido de basquet o en cada clase, no hay lugar para el empate. Hay que salir a ganar, porque de eso se trata, dejemos todo, sudemos nuestra camiseta y permitamos que nuestros alumnos también lo hagan. 

Tanto el sentimiento que genera practicar un deporte en equipo como el pensamiento que lleva a la ejecución estratégica, pueden transformar nuestra  dinámica de clase, pueden orientarnos a modelar, contagiar y motivar desde las competencias que necesitan despertar y potenciar nuestros estudiantes para desarrollarse como personas plenas, ciudadanos comprometidos y trabajadores productivos para el medio laboral en el que se insertarán.  

Un desafío actual

Las habilidades llamadas blandas, soft skills o destrezas del siglo XXI son esenciales para la vida y la educación. La familia, debería ser el entorno adecuado para para que esos talentos innatos emerjan. 

Según un informe de la consultora McKinsey & Co., debido a la creciente automatización, la fuerza laboral mundial sufrirá un cambio dramático. Se deriva de los hallazgos de dicha investigación, que la necesidad de habilidades cognitivas básicas disminuirá en un 15%, mientras que las habilidades que no pueden ser reemplazadas fácilmente por las computadoras tendrán una gran demanda. Esto nos interpela como educadores, más aún tomando en cuenta un estudio de CERES, “donde se presenta evidencia de que más de dos terceras partes de los estudiantes que ingresan en Ciclo Básico no reciben una formación acorde a las necesidades actuales y futuras” (Munyo, 2021, p. 131).

Volviendo a las habilidades blandas como aquellas habilidades que nos permiten el conocimiento y la relación con los demás y con uno mismo, como ejemplos podríamos citar la resolución de problemas de forma creativa, el manejo de la comunicación interpersonal a nivel emocional, plantearse objetivos y organizarse para conseguirlos, la toma de decisiones positivas... Las habilidades meramente cognitivas se centran en los conocimientos y adquisición de contenidos. Las blandas son transversales, se dan en todos los contextos de la vida y suponen, a grandes rasgos, la forma en que las personas nos relacionamos con nuestro entorno. Por eso, son las habilidades blandas las que también deberíamos potenciar en las escuelas si queremos formar a nuestros estudiantes de modo integral y productivo para la vida.

Seis habilidades que podemos fomentar, trabajar y medir desde el aula:

Creatividad

Considerando que la creatividad es una de las habilidades fundamentales para el desarrollo biopsicosocial del ser humano, debería estar presente en todo proyecto educativo, ya que le permite al niño bucear -con sus propias herramientas- en su mundo interior para llegar a conclusiones nuevas y resolver situaciones en una forma original. 

Liderazgo

El liderazgo es una de esas habilidades que necesitan el desarrollo de la empatía para ponerse en los zapatos del otro al momento de inspirar, motivar y empoderar a los demás frente a tareas o retos compartidos que requieren la colaboración del otro y su entorno para alcanzar una respuesta o una solución. Los verdaderos líderes encuentran lo distintivo en cada persona y les ayudan  a aprovechar todo su potencial en aquello que hacen.  Tratemos de lograr que los alumnos pasen de la actitud “Puedo hacerlo” a “Podemos hacerlo”, ya que hace que todos sean mejores. 

Trabajo en equipo

Ya todos sabemos que hablar de “trabajo en equipo” es hablar de metas comunes, negociación, flexibilidad, reparto de tareas y resolución de conflictos entre otros aspectos a considerar. Desarrollar un sentimiento de pertenencia al grupo y trabajar en pos de un bien común son otros factores fundamentales para la vida social y futuro laboral de nuestros estudiantes. La sociedad actual estimula la competitividad y el individualismo, en contrapartida el trabajo en equipo representa un gran desafío que es necesario aprender en las aulas.

Comunicación

Es una de las habilidades sociales de mayor importancia, además de transversal a todos los ámbitos de la vida. Escuchar abiertamente y ser capaces de elaborar mensajes claros, efectivos y convincentes es parte de una buena comunicación. Pero también, desarrollar la escucha activa, tratando de escuchar a cada compañero con atención, haciendo preguntas oportunas para comprender el mensaje y las emociones de la otra persona es otro factor primordial a la hora de fomentar la empatía. Expuesto en otras palabras, desarrollar la capacidad de comprender y ser consciente y sensible al ‘experimentar’ indirectamente los sentimientos, pensamientos y experiencias de otro, como base de una comunicación bilateral atenta y efectiva, no sólo escuchando para responder.

Resolución de problemas

Es la capacidad que tienen que desarrollar para transitar de forma positiva aquellos momentos de crisis que se dan en el día a día. Para nuestros alumnos resolver problemas del mundo real, situaciones cotidianas que se les presentan y retos propuestos por el docente o entorno es crucial para prosperar en su presente y futuro, pero también para empoderarse de soluciones que están al alcance de sus manos. El mundo para el que se están formando está cambiando constantemente. Debido a esto, los alumnos seguramente deberán resolver problemas que ni siquiera podemos imaginar todavía, así como se enfrentarán a desafíos que requerirán habilidades para diseñar soluciones creativas y adecuadas.

Gestión y organización de los tiempos.

Esta habilidad incorpora al ‘knowhow’ de la persona cómo priorizar, definir objetivos y dividir las tareas de cada día. Con solo 24 horas para pensar, planificar y completar las responsabilidades en el estudio, trabajo o a nivel personal, nuestros alumnos necesitan aprender a superar los desafíos y obstáculos cotidianos. La gestión del tiempo, tanto personal como profesional puede tener un efecto enorme en el rendimiento y productividad en el lugar de trabajo, pero también en cómo los estudiantes administran el tiempo de estudio y el ocio. El manejo apropiado del mismo puede convertirlos no sólo en personas más eficientes, sino que también les ayudará a cumplir con plazos preestablecidos para entregas, proyectos y trabajos.

Como educadores, desde el inicio de la escolarización de los estudiantes, se nos plantea el desafío constante de proponer un abanico de herramientas útiles y necesarias para la vida, sin embargo no es solamente mostrarlas, nombrarlas o trabajarlas una vez. Deberíamos -desde nuestra planificación diaria- comenzar a poner en juego éstas y otras habilidades blandas, de manera tangible y medible, para así poder evaluarNOS y evaluarLAS. 

De todas formas, antes de dar a conocer y trabajar con los alumnos en ‘soft skills’, reflexionemos nosotros ¿cómo nos encontramos en relación a ellas?, recordemos que es difícil dar lo que no se tiene.

Referencias bibliográficas:

Manyika, J.,  Lund, S., Chui, M., Bughin, J., Woetzel, J., Batra, P., Ko, R. & Sanghvi, S. (2017). Jobs lost, jobs gained: workforce transitions in a time of automation. McKinsey & Company. 

Disponible en: https://www.mckinsey.com/~/media/McKinsey/Industries/Public%20and%20Social%20Sector/Our%20Insights/What%20the%20future%20of%20work%20will%20mean%20for%20jobs%20skills%20and%20wages/MGI-Jobs-Lost-Jobs-Gained-Report-December-6-2017.pdf

Munyo, I. (2021). La revolución de los humanos. Uruguay. Ed. Penguin Random House Grupo Editorial.



2021: El curso y el trabajo en equipo con una mirada diferente.

 

“La velocidad perfecta, hijo mío, es estar allí.”  

Juan Salvador Gaviota 

 

El 13 de marzo del 2020, marcó el inicio de un año bisagra. A partir de ese día fueron múltiples las situaciones que generaron una sacudida en los docentes, desde educación inicial a bachillerato, en todos los centros educativos de nuestro país. Sin estar preparados -de una forma u otra- dimos respuesta a esta realidad que nos tocó vivir y ese largo año que quedaba por delante, casi sin darnos cuenta se nos fue como agua entre las manos. Quedará éste 2020 marcado por la pandemia, y todos nosotros como piezas de la historia vivida. 

De cualquier manera, lo más significativo ha sido el esfuerzo por superar las adversidades, y esto seguramente generó el haber aprendido -como docentes- mucho más de lo  imaginado, fuera de todo lo planificado.

Se cierran los cursos y llega el momento del descanso, de desconectar y desenchufar, para  poder volver nuevamente con toda la energía, porque el año 2021 estará cargado de desafíos, con ecos y repercusiones del Covid.

Ya hace tiempo resuena en todas las salas de maestros y profesores de todas las instituciones: el comienzo del año que viene...  ¿cómo será?, ¿cómo enfrentarlo?, ¿cómo seguimos?.

Son preguntas que aún tienen respuestas inciertas, sin embargo entre todos podemos ir diseñando caminos para transitar y poder empezar a esbozar nuestras planificaciones y didáctica de trabajo para el próximo año lectivo.

Este 2020 cada docente desde su lugar, intentó trabajar en competencias, habilidades y vínculos, mucho más allá de los contenidos, los programas, y los temas a dar.  Por sobre todo,  se ha intentado poner en juego la capacidad de resiliencia para afrontar de una manera distinta aquello que nos tocó vivir. 

Visualizando el nuevo comienzo, cada institución tiene la posibilidad de pensar desde su realidad las estrategias a llevar adelante. Es imprescindible un liderazgo pedagógico/académico, que cuente con planes estratégicos y marque una ruta por donde ir recorriendo este nuevo camino, teniendo en cuenta -entre otras cosas- instancias de planificación con los educadores. 

Es también necesario generar diálogo entre los docentes de los estudiantes 2020 y los que tomarán los nuevos cursos en el 2021. Recolectar y compartir entre todos dicha información, será de gran apoyo  para poder acompañar los procesos de manera individual y colectiva.

Debemos concientizarnos y planificar para:

La diversidad: sabiendo que todos los estudiantes parten de diferente punto inicial, debemos tener en cuenta sus características personales, eso nos permitirá llegar de manera específica a cada uno de ellos. Tal vez muchos pudieron encontrar apoyo en sus hogares para conectarse y seguir adelante con las actividades propuestas, pero otros tantos no. Muchos concurrieron los cinco días a clase, sin embargo otros no; por eso, la información real y personalizada -ese diagnóstico inicial- nos permitirá tomar mejores decisiones, especialmente si sabemos qué estrategias impactaron positivamente en los aprendizajes de los alumnos según nuestros colegas. Es necesario que la escuela sea para todos, y no solamente para los que pudieron resolver  la situación pandemia de la mejor manera.

Desarrollar la escucha y apertura: a nuevas formas, a las familias, a los directivos, a otras instituciones. Es necesario poder -desde diferentes sectores- compartir, escuchar, conectar  y transmitir. Es una forma de abrirse a otras realidades y contextos, trabajando colaborativamente, para poder diagnosticar y encontrar las mejores opciones y herramientas para todos los estudiantes.

Fomentar el pensamiento crítico: motivemos y acompañemos a todos los educandos a hacer y que se hagan preguntas inteligentes, incisivas, efectivas, teniendo como base que ser crítico es mirar el mundo con otros ojos y encontrar caminos divergentes que transformen las realidades que nos interpelan. Tomar decisiones buscando diversas alternativas, analizando sus consecuencias. 

Ser creativos: está comprobado que a medida que avanzan los años de escolarización, los estudiantes pierden la capacidad de crear, automatizan comportamientos y generalizan respuestas. Tengamos este hallazgo muy presente; y colaboremos para que logren desarrollar, optimizar o potenciar su capacidad creativa. 

Asumiendo la heterogeneidad -en el más amplio sentido- del alumnado que encontramos en cada aula, agudizada por la reciente situación sanitaria; uno de los desafíos más grandes reside en cómo lograr que los estudiantes puedan trabajar en equipo, desarrollando o potenciando habilidades, compartiendo saberes previos y construyendo aprendizajes entre pares. 

A partir de Vigotsky con su teoría Sociocultural y la Zona de Desarrollo Próximo, el Aprendizaje Significativo de Ausubel y la teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner; sabemos que las actividades cooperativas o los aprendizajes entre pares, pueden -en general- lograr un mayor impacto, haciendo foco en la construcción  del mismo y no focalizando en una clase magistral del docente, quien a menudo se encuentra en el centro de las situaciones didácticas. Logramos así pasar de un aprendizaje unidireccional a un formato bidireccional, donde el rol del docente se transforma en facilitador del aprendizaje y planificador de la secuencia a realizar para propiciarlo. Su función es la de planificar, observar, acompañar, estimular y evaluar, en lugar de ser un mero transmisor de conocimientos.

Pensar, planificar y trabajar desde un marco de aprendizaje cooperativo, debe ser una construcción a mediano y largo plazo, continuando una línea de trabajo a lo largo del año; no simplemente una actividad puntual realizada en forma ocasional o aislada, fundamentada en lo antedicho y en un desarrollo de competencias que los prepare para la vida.

A modo de ejemplo, se puede trabajar en equipos base organizados por los docentes, aunque -en algunas actividades- se habilite la conformación espontánea de los mismos a partir de los propios estudiantes y sus intereses personales.

DINÁMICA PARA LA FORMACIÓN DE GRUPOS 

Una dinámica que puede ayudar a que ellos colaboren y sean partícipes de la formación de los grupos con un criterio organizacional diferente,  es la siguiente:

Se identifican cuatro roles importantes dentro de un equipo de trabajo (pudiendo añadir otros de ser necesario). En este caso pensaremos en el líder, el sistémico, el creativo y el empático.

Se narra al grupo, un viaje en barco (lo descriptivo de la situación será acorde a la edad). Los alumnos deberán elegir algunos de los trabajos que se irán desarrollando a medida que estamos en ese recorrido.

En primer lugar elegirán quién llevará el timón del barco, quién será el que timonea para ir de puerto a puerto; el mismo deberá tener clara la hoja de ruta con los objetivos, el desarrollo y los tiempos. Será el que ordena y motiva a la vez para alcanzar la meta (elección del líder).

En segundo lugar elegirán quién irá dejando el registro de lo que acontece en el viaje, hará las anotaciones de forma sistemática y prolija, de tal forma de llevar una bitácora del recorrido de la manera más exacta posible (elección del sistémico).

En tercer lugar elegirán a quien le darán la publicidad del barco y recorrido, aquel que será capaz de vender mejor el producto, de manera que sea original y atraiga a muchos pasajeros (elección del creativo).

Por último, como todo viaje largo, seguramente tengan algún inconveniente en sus relaciones, por tal motivo es necesario elegir a alguien que será capaz de entablar buenos vínculos y negociar entre las diferentes posturas. (elección del empático).

Cada uno de los integrantes de la clase, elige a uno o dos compañeros por rol, de esta forma, el docente tendrá una diversidad  de nombres en cada categoría. Luego, teniendo en cuenta dichas características -encontradas por los mismos estudiantes- sumado al criterio del adulto referente, se podrá armar grupos de cuatro o cinco participantes, de manera que cada integrante del grupo lleve adelante un rol que le permita al equipo cumplir con la meta propuesta. 

Es importante que al momento de armar los grupos, se respeten las categorías y los nombres puestos allí por los alumnos; a su vez el maestro debe contemplar la variable asistencia, rezago o características de cada niño, de forma de evitar que algún grupo quede integrado por quienes nunca concurrieron a clase o quienes siempre fueron. 

Pensar, diseñar y llevar adelante una escuela transformadora, implica dar lo mejor que tenemos para generar oportunidades que tiendan puentes al mañana, porque es fundamental acompañarlos para seguir construyendo un mundo mejor. Es necesario dar un soplo de motivación, entusiasmo y confianza a todos, porque cada uno tiene mucho para dar.

Inspiremos y contagiemos a nuestros alumnos, una forma de actuar propia de los ciudadanos competentes que queremos formar. No es una tarea sencilla, pero es momento de empezar.



La evaluación en 2020.


 “Una escuela ha terminado y ha llegado el momento de que otra comience.”

Juan Salvador Gaviota de Richard Bach  



El coronavirus está removiendo y calando hondo en varios paradigmas de la educación... 

Este fenómeno de enseñanza remota de emergencia, nos sigue cuestionando, invitando a tener prácticas diferentes. Despierta nuevas formas de estudiar, de aprender y genera inesperadas formas de trabajo. A partir de una situación concreta, los invito a repensar nuestro sistema de evaluación, tal vez este sea momento de metamorfosis.


Muchas veces los alumnos de niveles superiores al devolverles sus trabajos con un comentario, dejan de mostrarse activos en la plataforma. Mientras que si la devolución de la tarea es un puntaje, una nota o un número, en general la actividad aumenta. Esa situación reavivó nuevamente el tema de la motivación estudiantil. Deja entrever el interés de realizar y entregar el trabajo por la nota en sí misma y no por el aprender a aprender y ser competente desde el Ser y el Hacer.


Esta ‘nueva’ didáctica de “enseñar, aprender y evaluar” vía remota, ha despertado preguntas en alumnos y familias: 

  • ¿qué se va a evaluar?

  • ¿cómo se va a evaluar? 

  • ¿qué importancia tendrá  esa nota de evaluación final?

  • ¿pesará en la promoción?

Hay docentes que se preguntan si es justo evaluar frente a tan diversas situaciones que el alumno puede estar atravesando para acceder a estas nuevas herramientas o metodologías. Hay docentes que se cuestionan sobre el formato a utilizar para evaluar, otros que se plantean si el estudiante realiza la propuesta solo o con ayuda. Docentes que se preocupan de evaluar contenidos porque al año siguiente los necesitarán, docentes que se ven interpelados por la estandarización de resultados en evaluaciones

globalizadas o mundialmente avaladas, y otros que reformulan el instrumento con propuestas bien innovadoras, creativas y diversas.

Esa matriz la llevamos grabada a fuego y más allá de hablar de procesos, competencias, rúbricas, feedback y acompañamiento, terminamos en el famoso número o nota -que nos limita desde el marco curricular de nuestro sistema educativo actual- para que el alumno esté habilitado a promover, a rendir examen o recursar. 


Considerando -según los lineamientos- que durante este período de cambios, la evaluación debe ser a través de un concepto y no de un número, los invito a reflexionar sobre la posibilidad de nuevas prácticas.

Hoy se afirma que los docentes -a partir de contenidos que están marcados por un  currículo prescriptivo- pueden despertar, potenciar, desarrollar en sus estudiantes, aquellas competencias que respondan adecuadamente a las necesidades de un ciudadano del S XXI. Pueden también compartir, proponer y gestionar evaluaciones por rúbricas, portafolios, listas de cotejo, proyectos y trabajar infinidad de instancias que permitan recabar información sobre el alumno. Tal vez con estas herramientas y otras que podamos aprender, conocer o construir, se logre una gama más amplia de datos que habilite un “mejor” concepto del alumno y de esa forma acercarnos aún más, a una descripción acertada y -por qué no- más detallada de sus habilidades, destrezas y competencias. Poder tener más insumos que nos ‘cuenten’ de ese alumno, nos hace minimizar el error que muchas veces cometemos en dar una nota a partir de una evaluación escrita u oral con formato de “prueba” o “escrito”. 


Los cambios educativos son lentos y los supuestos básicos anquilosados en las raíces institucionales, llevan procesos largos de transformación y cambio. De hecho, se lleva años tratando de incentivar el uso de las herramientas digitales, el uso de las plataformas, capacitando a los diferentes equipos en el uso de las mismas y formando docentes en nuevas metodologías de enseñanza. Sin embargo quedó demostrado que no todos las usaban -ni a nivel público ni privado-. Pero repentinamente este virus hizo que en todo el país se instalen o resurjan y ¡funcionen! Con aciertos y errores, con mayor o menor alcance, mayor o menor reticencia, pero se hizo.

Esta crisis

  • ¿no será una oportunidad para repensar la planificación y rediseñar la evaluación?

  • ¿no será una oportunidad para cambiar nuestras prácticas y tener más insumos al evaluar y no solamente calificar?

  • ¿no será una oportunidad para que evaluemos en función de lo que vienen realizando los alumnos?

Quizás en pequeñas comunidades, portafolios que registren procesos, coevaluaciones, evaluaciones de construcción grupal y así generar un concepto que se refleje desde la propia modalidad de trabajo. Tal vez se necesite discutir qué tipo de conocimiento queremos que aprendan -el que está a un click de distancia o el que necesitan para la vida-. Esa diferenciación ya es un cambio significativo en sí misma. 


Entonces, ¿por qué no pensar en procesos de evaluación que remarquen conceptualmente lo positivo?. Para desde allí acompañar y construir potentes aprendizajes, que le permitan al individuo desarrollarse plenamente, con autoconocimiento sobre su forma de aprender contenidos, estrategias y competencias para la vida, con un proceso metacognitivo que se descubra, desarrolle y fortalezca a lo largo de su trayectoria educativa.


Omitir la escala numérica o de notas, mejorar nuestras devoluciones pensando en un proceso y evaluar conceptualmente… está latente. De hecho ya se ha implementado en algunas instituciones en el transcurso de esta emergencia sanitaria. Sin embargo es real que debemos anticiparnos y prepararnos con otra mirada.


El cuaderno como instrumento de evaluación. Revalorizar el proceso del alumno y el vínculo con el docente.

Si pensamos un instrumento de evaluación formativa que nos permita evaluar el proceso que el alumno está realizando, el cuaderno sería la herramienta por excelencia. Nos permite evaluar conocimientos, habilidades generales y específicas, así como actitudes y valores. Sin embargo es necesario pautar, acordar, establecer criterios previos que faciliten la valoración de cualquiera de estos rasgos o competencias, evitando que algunos de ellos puedan ser una evaluación cuantitativa en sí mismos. 

El cuaderno es el medio por el cual el alumno y el docente  descubren y  monitorean los procesos de enseñanza y aprendizaje. Para el alumno es una forma de autoevaluar sus logros y redireccionar sus esfuerzos para que estos generen una mejora sustancial en sus aprendizajes. Desarrollar la habilidad cognitiva de autorreflexión acerca de sus propios objetivos y logros, implica el uso  de habilidades que requieren procesos complejos de pensamiento, así como poner en juego las competencias necesarias para llevarlo adelante. Es imprescindible que la planificación y uso de este cuaderno sea acordado entre docente y alumnos con el fin de conocer mutuamente  los objetivos y pautas de trabajo en el mismo.

El cuaderno en sí mismo es una fuente inagotable de información, siempre y cuando, se planifiquen objetivos de logros claros y precisos, con sus respectivos indicadores. Es a la vez una fuente de inspiración y motivación para que el alumno sea partícipe y protagonista de su propio proceso; se involucre y posicione desde un lugar reflexivo y proactivo. Hay estudiantes que sistemáticamente encuentran dificultades para aprobar pruebas cuantitativas estandarizadas o de corte institucional. Tal vez logren demostrar sus avances a través de un instrumento flexible pero a la vez tangible y con un formato menos restrictivo, orientado hacia una producción personal que demuestre habilidades generales y específicas en contextos predeterminados por el docente que acompaña a ese alumno.

OBJETIVOS.

Mejorar los logros de los estudiantes en cuanto a contenido, habilidades y competencias.

Habilitar al alumno a crecer de manera cognitiva, emocional y social, preparándolo para la vida.

Habilitar un aprendizaje colaborativo y constructivo que desarrolle y fomente la creatividad, autoreflexión, participación, reelaboración y colaboración.


Resignificar el uso del cuaderno

Podemos hacer que los cuadernos contengan un sitio para:

  • expresarse el docente y alumno

  • registrar si el trabajo es individual 

  • registrar el trabajo en forma colaborativa.

  • anotaciones, reflexiones, cuestionamientos, ideas, sugerencias que surjan tanto del docente como  del alumno. 

(se sugiere utilizar un color diferente para cada una de dichas anotaciones a modo de visualizar rápidamente los distintos registros)

Es necesario que desde los niveles más bajos se comience con esta práctica, apuntando a una didáctica que explicite que la tarea no se agota con la entrega, sino que el conocimiento se sigue construyendo, teniendo en cuenta otras competencias a desarrollar. 

Se debe tener presente que el proceso de construcción de los aprendizajes y su registro es aún más significativo y valioso que la herramienta en sí misma.


El cuaderno es un repertorio personal de la evolución del alumno. No debería considerarse la idea de que los niños manejen los mismos códigos de escritura, presentación, tiempos de producción, sino más bien un ritmo propio, individualizado que concientice y demuestre la heterogeneidad en la evaluación.


Ideas para el uso del cuaderno:

  • “Tareas y Actividades” pautado de consignas y trabajos a realizar.

  • Para recordar” allí se registran las ideas principales, personales o aquellas que hayan sido colaborativas.

  • “Mis reflexiones” consideraciones que crean relevantes y oportunas sobre su propio proceso.

  • “Cómo lo hice” registran los procesos que les parece haber llevado adelante para realizar la tarea.

  • “Competencia social”  registran los procesos de trabajo grupal y/o colaborativo así como la forma en que se realizaron.

  • “Retroalimentación docente o de pares” documentar los comentarios realizados por los otros.

  • “Cómo avanzar” Considerando el punto anterior tratarán de registrar como les parece que pueden mejorar.

Hacia una retroalimentación positiva en los procesos de evaluación.

Construir criterios de devolución compartidos con los alumnos y explicitarlos como indicadores según las expectativas de logro.

Facilitar la evaluación, autoevaluación y coevaluación, ofreciendo oportunidades para que ellos identifiquen las debilidades, fortalezas y oportunidades de mejora.


Cuidar el cómo y el qué decimos, sabemos que nuestras devoluciones impactan no sólo en lo cognitivo sino también en lo emocional.


Considerar el clima, el espacio y el tiempo donde se pauta y ofrece la retroalimentación.


Elegir y jerarquizar lo relevante de la corrección, valorando los aspectos positivos para impactar en la construcción de aprendizajes, pero también en  su concepto de autoestima.


Pautar que esperamos que se genere luego de  la retroalimentación y las reflexiones propias. 


Bibliografía: 


García García, Mora María (2013) Las estrategias y los instrumentos de evaluación desde el enfoque formativo.


Ravela, Picaroni, Loureiro (2017) ¿Cómo mejorar la evaluación en el aula? Montevideo, Grupo Magro



Prof. Marcelo Mónico


sábado, 27 de marzo de 2021

Semana Santa nuevamente en pandemia.

 


                                                    Semana Santa  nuevamente en pandemia


Se acerca una nueva Semana Santa y necesitamos transitarla como el año pasado... limitando la movilidad y extremando todos los cuidados, por tal motivo comparto mi reflexión con ustedes.


Desde mi vivencia personal, pero además asumiendo que para los cristianos son días particularmente reveladores -generalmente más desde lo teórico y el discurso y en menor medida desde  las prácticas- siempre me interpela cómo poder compartirlos con tantos otros que no adhieren a esta forma de sentir y pensar. 

Temas discutibles como: ¿es Hijo de Dios?, ¿es Dios?, ¿existe Dios?, ¿resucitó?... son casi transversales a este acontecimiento particular y encontraremos respuestas fundamentadas según cada creencia; una discusión muchas veces estéril, ya que no deberíamos tratar de convencer a nadie. Las respuestas muchas veces dependen de las vivencias personales,  hay que poder superar las propias y reconocer y respetar las ajenas.

Por eso -me desafía en estos temas- intentar desde lo personal, no llevarlos a la discusión sobre creencias; sino a lo humano, a aquello que no podemos negar.


Para enmarcar mi punto de vista históricamente, Jesús vivió... y murió crucificado,  datos basados en documentación, que nos acerca a reconocer su existencia como hombre de carne y hueso. Reitero que no abordaré la discusión sobre si es hijo de Dios, y explico por qué.


Hoy, marzo 2021, los creyentes anunciamos en nuestras celebraciones la llegada de nuestro salvador. 

Ahora... si alguien se presenta diciendo que es el Hijo de Dios, y hace ‘cosas’ en su nombre, seguramente casi la totalidad que recita su llegada, cuestione y no crea en tal acontecimiento, situación idéntica a la vivida por Jesús hace cerca de dos mil años. Por esta sencilla razón, no me pararé desde los discursos idealistas y celestiales que cuestionamos en la tierra, sino en la vivencia de aquel hombre. Aquel Jesús hombre comprometido con la realidad cotidiana, mundana y cercana en la que le tocó vivir. Un Jesús que, entre otras cosas, cuestionaba los asuntos públicos poniéndose del lado de los más indefensos.   


Desde ese compromiso real con el otro es que te invito a vivir una Semana Santa movilizadora, inconfundible, diferente, que deje huella en tu vida y la ajena.


En primer lugar, demos marco a la ‘situación pandemia’ actual, nada similar al año pasado, pero a la vez tristemente semejante. Asumiendo que en estos temas son necesarios los números fríos y reales, aquí les dejo algunos para que podamos dimensionar y tomar conciencia.



3 de abril 2020

24 de marzo 2021

resultados positivos a Covid ese día

17 

1.796

personas en CTI en ese día

13 

225

persona en cuidados intermedios

0

fallecido ese día

0

16

casos positivos desde el 13 de marzo

386 

87.812

fallecidos desde el 13 de marzo

843

personal de salud infectado

43

443

pacientes recuperados

86

71.588


Es por eso que la sugerencia es a que salgas lo mínimo indispensable, juntate con tu burbuja, tengamos el menor movimiento posible, pues todos queremos que esto pase pronto. En este momento, nos juega en contra el perder ese ‘temor’ a la enfermedad, nos juega en contra que está la vacuna ‘en la vuelta’, nos juega en contra que seguimos pensando que somos inmortales… aunque a esta altura todos tenemos un conocido, amigo o familiar que ha cursado la enfermedad, o ha estado en CTI o en el peor de los casos la enfermedad lo llevó a la muerte. Desde esta realidad y apelando a la responsabilidad individual y de burbuja, es que te invito a tener el mínimo movimiento posible, y si lo vas a hacer, mantén las distancias, el uso de tapaboca y todas las medidas conocidas desde aquel 13 de marzo 2020.


Pero... ¿cómo vivo la semana con el significado que puede tener para los cristianos? o para los que quieren hacer sin creer.

Personalmente, algo que me cautiva de Jesús, es su poder de ser maestro, y cuando digo MAESTRO, hablo de su capacidad para transmitir, cautivar, enseñar lo que sentía, quería y hacía desde gestos concretos y con parábolas. Jesús se revelaba frente a la adversidad, con ejemplo de compromiso, pero también discutiendo, intercambiando, levantando la voz, incluso pateando a los mercaderes cuando querían hacer negocio con “su padre”. Cuántas veces hoy se sigue haciendo callar… cuántas veces hoy prevalecen razones infundadas que se justifican hablando en nombre de Dios. La convocatoria de hoy es poder jugarnos la vida para hacer justicia por los más necesitados. Sin dudas que esto habilita a que cada uno opine lo que quiera y se pare a “pegar”a la vereda de enfrente… sin embargo no es esa la esencia del planteo.


Para vivir esta semana de forma diferente te invito a realizar pequeñas pero significativas acciones con tus seres queridos, amigos, conocidos o no, entre tantos otros.


Domingo de ramos, te invito a llamar telefónicamente a alguien a quien quieras reconocer ‘algo’, más allá que esa persona no tenga idea o no recuerde lo que ha significado para tí... es un día para valorar, reconocer y hacer sentir, sobre todo hacer sentir único y valioso aquel que trascendió en ti. 


Noche de jueves santo, te invito a que en nuestra burbuja podamos compartir una comida sencilla, cálida, donde el diálogo sea lo que prevalezca, donde podamos mirar a la cara desde el corazón, donde tengamos un gesto como aquel lavado de pies para así preguntarnos ¿qué tengo para darle al otro?


Antes de dormir, te invito a tener un momento personal, donde -como en el huerto- podamos “conversar”, poner en palabras nuestros miedos, nuestras realidades, cuidarnos y cuidar, reconociéndonos frágiles para saber que en determinados momentos también caminamos solos.


Viernes santo, reconozcamos las cruces que cargamos, aquello que nos cuesta, aquello que de alguna manera nos frena y no nos permite avanzar. Sólo en la medida que las hagamos conscientes realmente nos vamos a poder “liberar de ellas”, aunque nos sigan acompañando.


Tengamos presente todas las veces que tan livianamente crucificamos a los otros, por hablar, por envidia, por intereses personales. Tengamos en cuenta, cuántas veces no dar la palabra a alguien es una forma de ‘ponerle un clavo’, de maniatar, silenciar o golpear. Si reconoces esta situación en tu vida, te invito a darte a ti mismo la liberadora posibilidad de -al menos- escucharlos y así desde la empatía alivianar ambas cargas. 


Domingo de resurrección. Te invito a reflexionar el modo en qué has mudado y te has transformado luego de este año de pandemia. Frente a esta situación que arremete nuevamente, interviniendo desde lo afectivo hasta lo educativo, ¿cómo has resurgido y te preparas para lo nuevo que se avecina?. ¿Vives tu propia realidad -desde tu fragilidad humana- pero con esperanza y fe en la trascendencia? 


Te invito a contagiar vida... reconociendo a aquellos que nos han dado lugar, que nos han ayudado a liberarnos, que nos han dado oportunidades, que han confiado en nosotros, porque ellos son los que de alguna manera nos ‘vuelven a la vida’ cuando afrontamos dificultades, porque la muerte de muchas formas puede ser vencida.


Estas acciones suenan sencillas, sin embargo sabemos que no es tan así.  Son sólo algunos disparadores entre tantos que pueden surgir para que dejando de lado los relatos bíblicos, podamos encarnar acciones concretas y reales con aquellas personas que han sido sal, luz y brasa en nuestra vida. 


Sin dudas que esto no es acotado ni limitado... simplemente algunas pinceladas para empezar por casa, porque también tenemos el desafío social de llevarlo a los más necesitados, aquellos que muchas veces sin  nombre ni recursos, se encuentran en refugios o en la calle. La invitación, una vez más es a saber ¿de qué manera ir concretando estas ideas?... en tu burbuja, en diálogo y compromiso, llevemos esas acciones concretas y humanas a los que más lo necesitan. Pensar, dialogar y resolver qué podemos hacer por el otro, con el desafío que no sea solo por esta semana, sino que ésta marque un mojón para que sea el comienzo o la continuidad de un servicio por y para al otro.


Sólo en la medida que empatizamos con el otro desde su realidad, podemos ser el Jesús hombre comprometido con lo que pasa alrededor y con las diferentes vivencias personales. Seamos conscientes que no es fácil, pero que es necesario reconocer, acompañar y seguir ofreciendo y contagiando vida desde lo cotidiano. Desde mi lugar y tu lugar, sigamos intentando comprometernos con las más diversas realidades.


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