miércoles, 31 de marzo de 2021

Las habilidades blandas.


Si hacemos un paralelismo entre deporte y educación, ¿alguna vez te preguntaste con qué deporte lo harías? Quizás en más de uno encontremos similitudes, pero hoy nos detendremos en el basquet.

Cada equipo al momento de acercarse un partido piensa en ese encuentro, las fortalezas y debilidades de cada rival, así como las propias… y de esa forma elabora la mejor estrategia de juego para poder triunfar. Los educadores podemos pensar en una planificación general seleccionando temas, buscando competencias a desarrollar, poniendo énfasis en lo que creemos que es mejor para impactar positivamente en los procesos de enseñanza y aprendizaje, pero sobre todo considerando el diagnóstico de grupo para poder “triunfar” en ese partido.

 Pero… ¿qué es triunfar? Muchas veces nos toca ganar, muchas veces perder. Hay más fracasos que triunfo, pero eso es para los resultados, para la tabla de posiciones. Sin embargo, cada vez que se da una derrota, sacamos ’algo’ positivo, ‘algo’ que perfeccionamos y eso nos sirve para afrontar el nuevo partido. 

¿Qué tiene que ver esto con la educación?

Durante 2020 nos vimos obligados a resignificar el encuentro pedagógico, casi antes de comenzar nos cambiaron las reglas. Pensamos jugar en un gimnasio y nos sacaron a una cancha abierta, donde otras variables como el viento o el sol pueden ser muy importantes si no conocemos el terreno y jugamos de visitante. El piso no era flotante sino de hormigón lustrado, incluso en algunas partes con pedregullo donde cada caída duele, pero nos volvemos a levantar. De todas formas, en cada comienzo de año los educadores despertamos ese sentir, esa incertidumbre, esa confianza que nos impulsa, nos motiva y nos invita a arrancar con todas las energías puestas en la ‘cancha’.

Cuando empieza el partido, la pelota va al aire y dependiendo quien ponga la mano, atacamos o defendemos en esa primera instancia de juego. En cada comienzo, esa pelota va al aire, y en base a la situación del grupo, de las condiciones externas, diagnosticamos, atacamos o defendemos.

Muchas veces nos encontramos defendiendo fortaleza, atentos a lo que pasa, dialogando con los compañeros, tratando de no dejar grietas para no quebrarnos, cuidando nuestra defensa, cerrando líneas e intentando que no nos conviertan.

En otros momentos, viendo las mejores opciones, buscando la mejor ubicación para convertir,  hacer el tanto y volver a estar pendiente con una buena defensa para conseguir nuevamente la pelota e intentar otro gol. No es necesario querer ganar de triples; no siempre se convierten y muchas veces nos hacen entrar en desesperación. 

Nada como mover el balón, siempre hay un pase extra, que nos permite anotar y de a poco ir haciendo la diferencia.

Por momentos, sentimos verla pasar. En otros nos hallamos con buen control de pelota. A veces corremos de un lado a otro de la cancha, levantamos la cabeza y vemos más allá del que tenemos adelante. Incluso durante algunos instantes somos el propio balón, que golpea contra el piso una y otra vez,  varios son los sentimientos que podemos tener a lo largo del año.

Lo importante es que cerca de nosotros siempre hay alguien que tiene otra mirada, que sabe pedir un minuto para ordenarnos, cambiar de táctica y volver a la cancha, porque nunca o casi nunca se puede aplicar la misma estrategia durante los 40 minutos de juego. ¡Eso es fascinante!… pensar la mejor estrategia acorde a lo que estamos viviendo, escuchar a los compañeros, los técnicos, el entrenador, pensar, definir y ejecutar. Claro que no siempre sale lo que pensamos como lo pensamos, pero lo bueno del básquetbol es que podemos volver a pedir tiempo y replanificar. Durante el año escolar, pensamos, defendimos, atacamos, planificamos, pedimos tiempo, consultamos, cambiamos estrategias, volvimos a empezar y así una y otra vez. 

El básquetbol es un juego colectivo, de equipo, donde nos precisamos todos y cada uno desde su rol. Desde el momento que estamos en cancha, necesitamos apoyarnos en los compañeros, todos defendemos, todos atacamos, es la manera más fácil de poder ganar. En educación todos los jugadores también necesitamos llevar el partido adelante: directivos, docentes, administrativos, personal de servicio, familias, estudiantes. Toda la comunidad educativa es parte.

Uno de los encantos del básquetbol, redunda en que no se empata, se pierde o se gana, y ese es el gran desafío cada vez que comienza un partido. Salir a ganar siempre, sabiendo que la mayoría de las veces hemos perdido, también tiene su encanto. Porque hace aprender, crecer, madurar, avanzar, ver nuevas realidades. En el partido no se busca otro resultado que ganar, se sale a dejar todo, no se puede tocar la pelota al costado, no se puede hacer tiempo;  tenemos que convertir porque eso es lo que nos hace triunfar.

Como educadores, nos vemos interiormente obligados a dar lo mejor para alcanzar nuestros objetivos. Muchas veces iremos de un lado al otro, defenderemos o atacaremos, tendremos que pedir un minuto para tomar aire y escuchar y podremos sentarnos a descansar unos instantes para volver a la cancha a jugar. Lo que queda claro es que, en la educación los docentes ponemos en juego todo nuestro potencial, no daremos una por perdida, cambiaremos las estrategias sin importar en qué cancha juguemos, seguro queremos llegar a más. Sabemos que somos muchos en el equipo dispuestos a colaborar para avanzar es importante. En cada partido de basquet o en cada clase, no hay lugar para el empate. Hay que salir a ganar, porque de eso se trata, dejemos todo, sudemos nuestra camiseta y permitamos que nuestros alumnos también lo hagan. 

Tanto el sentimiento que genera practicar un deporte en equipo como el pensamiento que lleva a la ejecución estratégica, pueden transformar nuestra  dinámica de clase, pueden orientarnos a modelar, contagiar y motivar desde las competencias que necesitan despertar y potenciar nuestros estudiantes para desarrollarse como personas plenas, ciudadanos comprometidos y trabajadores productivos para el medio laboral en el que se insertarán.  

Un desafío actual

Las habilidades llamadas blandas, soft skills o destrezas del siglo XXI son esenciales para la vida y la educación. La familia, debería ser el entorno adecuado para para que esos talentos innatos emerjan. 

Según un informe de la consultora McKinsey & Co., debido a la creciente automatización, la fuerza laboral mundial sufrirá un cambio dramático. Se deriva de los hallazgos de dicha investigación, que la necesidad de habilidades cognitivas básicas disminuirá en un 15%, mientras que las habilidades que no pueden ser reemplazadas fácilmente por las computadoras tendrán una gran demanda. Esto nos interpela como educadores, más aún tomando en cuenta un estudio de CERES, “donde se presenta evidencia de que más de dos terceras partes de los estudiantes que ingresan en Ciclo Básico no reciben una formación acorde a las necesidades actuales y futuras” (Munyo, 2021, p. 131).

Volviendo a las habilidades blandas como aquellas habilidades que nos permiten el conocimiento y la relación con los demás y con uno mismo, como ejemplos podríamos citar la resolución de problemas de forma creativa, el manejo de la comunicación interpersonal a nivel emocional, plantearse objetivos y organizarse para conseguirlos, la toma de decisiones positivas... Las habilidades meramente cognitivas se centran en los conocimientos y adquisición de contenidos. Las blandas son transversales, se dan en todos los contextos de la vida y suponen, a grandes rasgos, la forma en que las personas nos relacionamos con nuestro entorno. Por eso, son las habilidades blandas las que también deberíamos potenciar en las escuelas si queremos formar a nuestros estudiantes de modo integral y productivo para la vida.

Seis habilidades que podemos fomentar, trabajar y medir desde el aula:

Creatividad

Considerando que la creatividad es una de las habilidades fundamentales para el desarrollo biopsicosocial del ser humano, debería estar presente en todo proyecto educativo, ya que le permite al niño bucear -con sus propias herramientas- en su mundo interior para llegar a conclusiones nuevas y resolver situaciones en una forma original. 

Liderazgo

El liderazgo es una de esas habilidades que necesitan el desarrollo de la empatía para ponerse en los zapatos del otro al momento de inspirar, motivar y empoderar a los demás frente a tareas o retos compartidos que requieren la colaboración del otro y su entorno para alcanzar una respuesta o una solución. Los verdaderos líderes encuentran lo distintivo en cada persona y les ayudan  a aprovechar todo su potencial en aquello que hacen.  Tratemos de lograr que los alumnos pasen de la actitud “Puedo hacerlo” a “Podemos hacerlo”, ya que hace que todos sean mejores. 

Trabajo en equipo

Ya todos sabemos que hablar de “trabajo en equipo” es hablar de metas comunes, negociación, flexibilidad, reparto de tareas y resolución de conflictos entre otros aspectos a considerar. Desarrollar un sentimiento de pertenencia al grupo y trabajar en pos de un bien común son otros factores fundamentales para la vida social y futuro laboral de nuestros estudiantes. La sociedad actual estimula la competitividad y el individualismo, en contrapartida el trabajo en equipo representa un gran desafío que es necesario aprender en las aulas.

Comunicación

Es una de las habilidades sociales de mayor importancia, además de transversal a todos los ámbitos de la vida. Escuchar abiertamente y ser capaces de elaborar mensajes claros, efectivos y convincentes es parte de una buena comunicación. Pero también, desarrollar la escucha activa, tratando de escuchar a cada compañero con atención, haciendo preguntas oportunas para comprender el mensaje y las emociones de la otra persona es otro factor primordial a la hora de fomentar la empatía. Expuesto en otras palabras, desarrollar la capacidad de comprender y ser consciente y sensible al ‘experimentar’ indirectamente los sentimientos, pensamientos y experiencias de otro, como base de una comunicación bilateral atenta y efectiva, no sólo escuchando para responder.

Resolución de problemas

Es la capacidad que tienen que desarrollar para transitar de forma positiva aquellos momentos de crisis que se dan en el día a día. Para nuestros alumnos resolver problemas del mundo real, situaciones cotidianas que se les presentan y retos propuestos por el docente o entorno es crucial para prosperar en su presente y futuro, pero también para empoderarse de soluciones que están al alcance de sus manos. El mundo para el que se están formando está cambiando constantemente. Debido a esto, los alumnos seguramente deberán resolver problemas que ni siquiera podemos imaginar todavía, así como se enfrentarán a desafíos que requerirán habilidades para diseñar soluciones creativas y adecuadas.

Gestión y organización de los tiempos.

Esta habilidad incorpora al ‘knowhow’ de la persona cómo priorizar, definir objetivos y dividir las tareas de cada día. Con solo 24 horas para pensar, planificar y completar las responsabilidades en el estudio, trabajo o a nivel personal, nuestros alumnos necesitan aprender a superar los desafíos y obstáculos cotidianos. La gestión del tiempo, tanto personal como profesional puede tener un efecto enorme en el rendimiento y productividad en el lugar de trabajo, pero también en cómo los estudiantes administran el tiempo de estudio y el ocio. El manejo apropiado del mismo puede convertirlos no sólo en personas más eficientes, sino que también les ayudará a cumplir con plazos preestablecidos para entregas, proyectos y trabajos.

Como educadores, desde el inicio de la escolarización de los estudiantes, se nos plantea el desafío constante de proponer un abanico de herramientas útiles y necesarias para la vida, sin embargo no es solamente mostrarlas, nombrarlas o trabajarlas una vez. Deberíamos -desde nuestra planificación diaria- comenzar a poner en juego éstas y otras habilidades blandas, de manera tangible y medible, para así poder evaluarNOS y evaluarLAS. 

De todas formas, antes de dar a conocer y trabajar con los alumnos en ‘soft skills’, reflexionemos nosotros ¿cómo nos encontramos en relación a ellas?, recordemos que es difícil dar lo que no se tiene.

Referencias bibliográficas:

Manyika, J.,  Lund, S., Chui, M., Bughin, J., Woetzel, J., Batra, P., Ko, R. & Sanghvi, S. (2017). Jobs lost, jobs gained: workforce transitions in a time of automation. McKinsey & Company. 

Disponible en: https://www.mckinsey.com/~/media/McKinsey/Industries/Public%20and%20Social%20Sector/Our%20Insights/What%20the%20future%20of%20work%20will%20mean%20for%20jobs%20skills%20and%20wages/MGI-Jobs-Lost-Jobs-Gained-Report-December-6-2017.pdf

Munyo, I. (2021). La revolución de los humanos. Uruguay. Ed. Penguin Random House Grupo Editorial.



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