Este 1º de marzo marca el comienzo de un nuevo año curricular.
Quedó atrás el año bisagra que nos modificó nuestro Ser y Hacer docente, sin embargo avizoramos secuelas del mismo por delante. Los invito a seguir avanzando y ser nuevamente dadores de ‘eso’ intangible y mágico que sólo se puede dar en estrecho vínculo entre educadores, estudiantes y familias. Podemos hacer que ardan nuestras vidas y las de aquellos que están en contacto con nosotros. Como comunidad educativa, tenemos la maravillosa oportunidad de tejer redes, que generen sinergia y cambios en nosotros mismos para luego seguir transformando a los otros.
La biblia nos cuenta que “Luego el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente.” (Gn 2,7) y de eso se trata la invitación que les planteo para este año, pero ¿qué es dar soplo de vida?.
Buscando una explicación clara, podría decir que para mi, ‘soplo de vida’ hace referencia a un gesto real que anima, que motiva, que produce un cambio y tiene como resultado una transformación en aquello que ya existía y ahora lo hace con más fuerza, certeza y vivacidad que antes.
Seguramente casi todos, por no decir todos, nos hemos encontrado en alguna reunión con amigos y al momento de prender el fuego o con el ya prendido, alguien se acerca y sopla para avivar la llama y que no se extinga; o nos encontramos en un frío invierno tratando de avivar la hoguera para dar calor... palitos, papel, fósforo y ese soplo que ayuda y cambia la llama que todo lo transforma... da calor, da luz, da vida, lo cambia todo…
Cuando reconocemos el soplo de Dios, o de cualquiera de nosotros, podemos distinguir que hay diferentes partes. Estoy yo, el otro, y ‘eso’ mágico que se dará cuando el aliento de vida haga contacto. El contacto del soplo de Dios dio vida, el nuestro aviva la llama en el ejemplo citado, pero hoy la invitación es aún más desafiante.
Delante nuestro tendremos infinitas oportunidades... en las aulas, en las oficinas, en los corredores, en la cantina, en todos los espacios colegiales existe un mar de personas dando vueltas... estudiantes, familias y compañeros de trabajo. Tengamos la capacidad de estar atentos y 'soplarlos' con un saludo, una pregunta, una mirada, una escucha; seamos capaces de 'soplarlos' con una palabra, una corrección, un punto de vista diferente. Seamos capaces de contagiar vida transformando el lugar que habitamos en un espacio de hogar, taller y templo.
Vale reconocer, que para poder contagiar vida tengo que ‘poseerla’, porque nadie da lo que no tiene. Te invito a que ‘soples’ y te dejes ser ‘soplado’ por otro. Llevemos luz para que otros puedan ver mejor, llevemos agua para que otros sacien la sed, llevemos fuego para que se transforme en una gran llama que se propague y extienda… y si por momentos somos carbón, tengamos la capacidad de dejar que la brasa se acerque para volver a encendernos. Si por momentos vemos carbón, tengamos la capacidad de acercarnos para que el otro vuelva a encenderse… seamos capaces de reconocer nuestra fragilidad con humildad y generosidad.
Sé que no es fácil; en ocasiones podremos ser más carbón que brasa, pero estoy seguro que el intento de transformar la hoguera vale la pena, alguien se acercará para soplar y darnos o dar una nueva oportunidad de vida.
Sepamos recibir el soplo del otro y ayudemos para que nuestro soplo empiece a cobrar vida propia. Todos tenemos nuestro propio calor, nuestra luz... la gran riqueza está en reconocer que todos somos brasas diferentes en distintas circunstancias de la vida.
La riqueza no está en ser la mejor brasa, sino que la brasa que sea, mude y transforme al que está a mi lado; le dé calor, le dé luz, le dé un sostén que lo anime a querer ser brasa para los demás.
La invitación está planteada, el desafío realizado... si sabemos dar ese soplo de vida a tiempo, no permitiremos que el humo lo nuble todo… por el contrario, haremos arder el corazón del otro contagiando vida. Tenemos en la educación una gran oportunidad, no la dejemos pasar… todos esperan lo mejor de nosotros. La vida está para ‘gastarse’ y la brasa también, hasta consumirse, hasta consumirnos, seamos dadores de vida con nuestro soplo.
Muchos desafíos por delante, pero sabiendo que no estamos solos, feliz año para todos.
Prof. Marcelo Mónico

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