sábado, 27 de marzo de 2021

Semana Santa nuevamente en pandemia.

 


                                                    Semana Santa  nuevamente en pandemia


Se acerca una nueva Semana Santa y necesitamos transitarla como el año pasado... limitando la movilidad y extremando todos los cuidados, por tal motivo comparto mi reflexión con ustedes.


Desde mi vivencia personal, pero además asumiendo que para los cristianos son días particularmente reveladores -generalmente más desde lo teórico y el discurso y en menor medida desde  las prácticas- siempre me interpela cómo poder compartirlos con tantos otros que no adhieren a esta forma de sentir y pensar. 

Temas discutibles como: ¿es Hijo de Dios?, ¿es Dios?, ¿existe Dios?, ¿resucitó?... son casi transversales a este acontecimiento particular y encontraremos respuestas fundamentadas según cada creencia; una discusión muchas veces estéril, ya que no deberíamos tratar de convencer a nadie. Las respuestas muchas veces dependen de las vivencias personales,  hay que poder superar las propias y reconocer y respetar las ajenas.

Por eso -me desafía en estos temas- intentar desde lo personal, no llevarlos a la discusión sobre creencias; sino a lo humano, a aquello que no podemos negar.


Para enmarcar mi punto de vista históricamente, Jesús vivió... y murió crucificado,  datos basados en documentación, que nos acerca a reconocer su existencia como hombre de carne y hueso. Reitero que no abordaré la discusión sobre si es hijo de Dios, y explico por qué.


Hoy, marzo 2021, los creyentes anunciamos en nuestras celebraciones la llegada de nuestro salvador. 

Ahora... si alguien se presenta diciendo que es el Hijo de Dios, y hace ‘cosas’ en su nombre, seguramente casi la totalidad que recita su llegada, cuestione y no crea en tal acontecimiento, situación idéntica a la vivida por Jesús hace cerca de dos mil años. Por esta sencilla razón, no me pararé desde los discursos idealistas y celestiales que cuestionamos en la tierra, sino en la vivencia de aquel hombre. Aquel Jesús hombre comprometido con la realidad cotidiana, mundana y cercana en la que le tocó vivir. Un Jesús que, entre otras cosas, cuestionaba los asuntos públicos poniéndose del lado de los más indefensos.   


Desde ese compromiso real con el otro es que te invito a vivir una Semana Santa movilizadora, inconfundible, diferente, que deje huella en tu vida y la ajena.


En primer lugar, demos marco a la ‘situación pandemia’ actual, nada similar al año pasado, pero a la vez tristemente semejante. Asumiendo que en estos temas son necesarios los números fríos y reales, aquí les dejo algunos para que podamos dimensionar y tomar conciencia.



3 de abril 2020

24 de marzo 2021

resultados positivos a Covid ese día

17 

1.796

personas en CTI en ese día

13 

225

persona en cuidados intermedios

0

fallecido ese día

0

16

casos positivos desde el 13 de marzo

386 

87.812

fallecidos desde el 13 de marzo

843

personal de salud infectado

43

443

pacientes recuperados

86

71.588


Es por eso que la sugerencia es a que salgas lo mínimo indispensable, juntate con tu burbuja, tengamos el menor movimiento posible, pues todos queremos que esto pase pronto. En este momento, nos juega en contra el perder ese ‘temor’ a la enfermedad, nos juega en contra que está la vacuna ‘en la vuelta’, nos juega en contra que seguimos pensando que somos inmortales… aunque a esta altura todos tenemos un conocido, amigo o familiar que ha cursado la enfermedad, o ha estado en CTI o en el peor de los casos la enfermedad lo llevó a la muerte. Desde esta realidad y apelando a la responsabilidad individual y de burbuja, es que te invito a tener el mínimo movimiento posible, y si lo vas a hacer, mantén las distancias, el uso de tapaboca y todas las medidas conocidas desde aquel 13 de marzo 2020.


Pero... ¿cómo vivo la semana con el significado que puede tener para los cristianos? o para los que quieren hacer sin creer.

Personalmente, algo que me cautiva de Jesús, es su poder de ser maestro, y cuando digo MAESTRO, hablo de su capacidad para transmitir, cautivar, enseñar lo que sentía, quería y hacía desde gestos concretos y con parábolas. Jesús se revelaba frente a la adversidad, con ejemplo de compromiso, pero también discutiendo, intercambiando, levantando la voz, incluso pateando a los mercaderes cuando querían hacer negocio con “su padre”. Cuántas veces hoy se sigue haciendo callar… cuántas veces hoy prevalecen razones infundadas que se justifican hablando en nombre de Dios. La convocatoria de hoy es poder jugarnos la vida para hacer justicia por los más necesitados. Sin dudas que esto habilita a que cada uno opine lo que quiera y se pare a “pegar”a la vereda de enfrente… sin embargo no es esa la esencia del planteo.


Para vivir esta semana de forma diferente te invito a realizar pequeñas pero significativas acciones con tus seres queridos, amigos, conocidos o no, entre tantos otros.


Domingo de ramos, te invito a llamar telefónicamente a alguien a quien quieras reconocer ‘algo’, más allá que esa persona no tenga idea o no recuerde lo que ha significado para tí... es un día para valorar, reconocer y hacer sentir, sobre todo hacer sentir único y valioso aquel que trascendió en ti. 


Noche de jueves santo, te invito a que en nuestra burbuja podamos compartir una comida sencilla, cálida, donde el diálogo sea lo que prevalezca, donde podamos mirar a la cara desde el corazón, donde tengamos un gesto como aquel lavado de pies para así preguntarnos ¿qué tengo para darle al otro?


Antes de dormir, te invito a tener un momento personal, donde -como en el huerto- podamos “conversar”, poner en palabras nuestros miedos, nuestras realidades, cuidarnos y cuidar, reconociéndonos frágiles para saber que en determinados momentos también caminamos solos.


Viernes santo, reconozcamos las cruces que cargamos, aquello que nos cuesta, aquello que de alguna manera nos frena y no nos permite avanzar. Sólo en la medida que las hagamos conscientes realmente nos vamos a poder “liberar de ellas”, aunque nos sigan acompañando.


Tengamos presente todas las veces que tan livianamente crucificamos a los otros, por hablar, por envidia, por intereses personales. Tengamos en cuenta, cuántas veces no dar la palabra a alguien es una forma de ‘ponerle un clavo’, de maniatar, silenciar o golpear. Si reconoces esta situación en tu vida, te invito a darte a ti mismo la liberadora posibilidad de -al menos- escucharlos y así desde la empatía alivianar ambas cargas. 


Domingo de resurrección. Te invito a reflexionar el modo en qué has mudado y te has transformado luego de este año de pandemia. Frente a esta situación que arremete nuevamente, interviniendo desde lo afectivo hasta lo educativo, ¿cómo has resurgido y te preparas para lo nuevo que se avecina?. ¿Vives tu propia realidad -desde tu fragilidad humana- pero con esperanza y fe en la trascendencia? 


Te invito a contagiar vida... reconociendo a aquellos que nos han dado lugar, que nos han ayudado a liberarnos, que nos han dado oportunidades, que han confiado en nosotros, porque ellos son los que de alguna manera nos ‘vuelven a la vida’ cuando afrontamos dificultades, porque la muerte de muchas formas puede ser vencida.


Estas acciones suenan sencillas, sin embargo sabemos que no es tan así.  Son sólo algunos disparadores entre tantos que pueden surgir para que dejando de lado los relatos bíblicos, podamos encarnar acciones concretas y reales con aquellas personas que han sido sal, luz y brasa en nuestra vida. 


Sin dudas que esto no es acotado ni limitado... simplemente algunas pinceladas para empezar por casa, porque también tenemos el desafío social de llevarlo a los más necesitados, aquellos que muchas veces sin  nombre ni recursos, se encuentran en refugios o en la calle. La invitación, una vez más es a saber ¿de qué manera ir concretando estas ideas?... en tu burbuja, en diálogo y compromiso, llevemos esas acciones concretas y humanas a los que más lo necesitan. Pensar, dialogar y resolver qué podemos hacer por el otro, con el desafío que no sea solo por esta semana, sino que ésta marque un mojón para que sea el comienzo o la continuidad de un servicio por y para al otro.


Sólo en la medida que empatizamos con el otro desde su realidad, podemos ser el Jesús hombre comprometido con lo que pasa alrededor y con las diferentes vivencias personales. Seamos conscientes que no es fácil, pero que es necesario reconocer, acompañar y seguir ofreciendo y contagiando vida desde lo cotidiano. Desde mi lugar y tu lugar, sigamos intentando comprometernos con las más diversas realidades.


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