
“La velocidad perfecta, hijo mío, es estar allí.”
Juan Salvador Gaviota
El 13 de marzo del 2020, marcó el inicio de un año bisagra. A partir de ese día fueron múltiples las situaciones que generaron una sacudida en los docentes, desde educación inicial a bachillerato, en todos los centros educativos de nuestro país. Sin estar preparados -de una forma u otra- dimos respuesta a esta realidad que nos tocó vivir y ese largo año que quedaba por delante, casi sin darnos cuenta se nos fue como agua entre las manos. Quedará éste 2020 marcado por la pandemia, y todos nosotros como piezas de la historia vivida.
De cualquier manera, lo más significativo ha sido el esfuerzo por superar las adversidades, y esto seguramente generó el haber aprendido -como docentes- mucho más de lo imaginado, fuera de todo lo planificado.
Se cierran los cursos y llega el momento del descanso, de desconectar y desenchufar, para poder volver nuevamente con toda la energía, porque el año 2021 estará cargado de desafíos, con ecos y repercusiones del Covid.
Ya hace tiempo resuena en todas las salas de maestros y profesores de todas las instituciones: el comienzo del año que viene... ¿cómo será?, ¿cómo enfrentarlo?, ¿cómo seguimos?.
Son preguntas que aún tienen respuestas inciertas, sin embargo entre todos podemos ir diseñando caminos para transitar y poder empezar a esbozar nuestras planificaciones y didáctica de trabajo para el próximo año lectivo.
Este 2020 cada docente desde su lugar, intentó trabajar en competencias, habilidades y vínculos, mucho más allá de los contenidos, los programas, y los temas a dar. Por sobre todo, se ha intentado poner en juego la capacidad de resiliencia para afrontar de una manera distinta aquello que nos tocó vivir.
Visualizando el nuevo comienzo, cada institución tiene la posibilidad de pensar desde su realidad las estrategias a llevar adelante. Es imprescindible un liderazgo pedagógico/académico, que cuente con planes estratégicos y marque una ruta por donde ir recorriendo este nuevo camino, teniendo en cuenta -entre otras cosas- instancias de planificación con los educadores.
Es también necesario generar diálogo entre los docentes de los estudiantes 2020 y los que tomarán los nuevos cursos en el 2021. Recolectar y compartir entre todos dicha información, será de gran apoyo para poder acompañar los procesos de manera individual y colectiva.
Debemos concientizarnos y planificar para:
La diversidad: sabiendo que todos los estudiantes parten de diferente punto inicial, debemos tener en cuenta sus características personales, eso nos permitirá llegar de manera específica a cada uno de ellos. Tal vez muchos pudieron encontrar apoyo en sus hogares para conectarse y seguir adelante con las actividades propuestas, pero otros tantos no. Muchos concurrieron los cinco días a clase, sin embargo otros no; por eso, la información real y personalizada -ese diagnóstico inicial- nos permitirá tomar mejores decisiones, especialmente si sabemos qué estrategias impactaron positivamente en los aprendizajes de los alumnos según nuestros colegas. Es necesario que la escuela sea para todos, y no solamente para los que pudieron resolver la situación pandemia de la mejor manera.
Desarrollar la escucha y apertura: a nuevas formas, a las familias, a los directivos, a otras instituciones. Es necesario poder -desde diferentes sectores- compartir, escuchar, conectar y transmitir. Es una forma de abrirse a otras realidades y contextos, trabajando colaborativamente, para poder diagnosticar y encontrar las mejores opciones y herramientas para todos los estudiantes.
Fomentar el pensamiento crítico: motivemos y acompañemos a todos los educandos a hacer y que se hagan preguntas inteligentes, incisivas, efectivas, teniendo como base que ser crítico es mirar el mundo con otros ojos y encontrar caminos divergentes que transformen las realidades que nos interpelan. Tomar decisiones buscando diversas alternativas, analizando sus consecuencias.
Ser creativos: está comprobado que a medida que avanzan los años de escolarización, los estudiantes pierden la capacidad de crear, automatizan comportamientos y generalizan respuestas. Tengamos este hallazgo muy presente; y colaboremos para que logren desarrollar, optimizar o potenciar su capacidad creativa.
Asumiendo la heterogeneidad -en el más amplio sentido- del alumnado que encontramos en cada aula, agudizada por la reciente situación sanitaria; uno de los desafíos más grandes reside en cómo lograr que los estudiantes puedan trabajar en equipo, desarrollando o potenciando habilidades, compartiendo saberes previos y construyendo aprendizajes entre pares.
A partir de Vigotsky con su teoría Sociocultural y la Zona de Desarrollo Próximo, el Aprendizaje Significativo de Ausubel y la teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner; sabemos que las actividades cooperativas o los aprendizajes entre pares, pueden -en general- lograr un mayor impacto, haciendo foco en la construcción del mismo y no focalizando en una clase magistral del docente, quien a menudo se encuentra en el centro de las situaciones didácticas. Logramos así pasar de un aprendizaje unidireccional a un formato bidireccional, donde el rol del docente se transforma en facilitador del aprendizaje y planificador de la secuencia a realizar para propiciarlo. Su función es la de planificar, observar, acompañar, estimular y evaluar, en lugar de ser un mero transmisor de conocimientos.
Pensar, planificar y trabajar desde un marco de aprendizaje cooperativo, debe ser una construcción a mediano y largo plazo, continuando una línea de trabajo a lo largo del año; no simplemente una actividad puntual realizada en forma ocasional o aislada, fundamentada en lo antedicho y en un desarrollo de competencias que los prepare para la vida.
A modo de ejemplo, se puede trabajar en equipos base organizados por los docentes, aunque -en algunas actividades- se habilite la conformación espontánea de los mismos a partir de los propios estudiantes y sus intereses personales.
DINÁMICA PARA LA FORMACIÓN DE GRUPOS
Una dinámica que puede ayudar a que ellos colaboren y sean partícipes de la formación de los grupos con un criterio organizacional diferente, es la siguiente:
Se identifican cuatro roles importantes dentro de un equipo de trabajo (pudiendo añadir otros de ser necesario). En este caso pensaremos en el líder, el sistémico, el creativo y el empático.
Se narra al grupo, un viaje en barco (lo descriptivo de la situación será acorde a la edad). Los alumnos deberán elegir algunos de los trabajos que se irán desarrollando a medida que estamos en ese recorrido.
En primer lugar elegirán quién llevará el timón del barco, quién será el que timonea para ir de puerto a puerto; el mismo deberá tener clara la hoja de ruta con los objetivos, el desarrollo y los tiempos. Será el que ordena y motiva a la vez para alcanzar la meta (elección del líder).
En segundo lugar elegirán quién irá dejando el registro de lo que acontece en el viaje, hará las anotaciones de forma sistemática y prolija, de tal forma de llevar una bitácora del recorrido de la manera más exacta posible (elección del sistémico).
En tercer lugar elegirán a quien le darán la publicidad del barco y recorrido, aquel que será capaz de vender mejor el producto, de manera que sea original y atraiga a muchos pasajeros (elección del creativo).
Por último, como todo viaje largo, seguramente tengan algún inconveniente en sus relaciones, por tal motivo es necesario elegir a alguien que será capaz de entablar buenos vínculos y negociar entre las diferentes posturas. (elección del empático).
Cada uno de los integrantes de la clase, elige a uno o dos compañeros por rol, de esta forma, el docente tendrá una diversidad de nombres en cada categoría. Luego, teniendo en cuenta dichas características -encontradas por los mismos estudiantes- sumado al criterio del adulto referente, se podrá armar grupos de cuatro o cinco participantes, de manera que cada integrante del grupo lleve adelante un rol que le permita al equipo cumplir con la meta propuesta.
Es importante que al momento de armar los grupos, se respeten las categorías y los nombres puestos allí por los alumnos; a su vez el maestro debe contemplar la variable asistencia, rezago o características de cada niño, de forma de evitar que algún grupo quede integrado por quienes nunca concurrieron a clase o quienes siempre fueron.
Pensar, diseñar y llevar adelante una escuela transformadora, implica dar lo mejor que tenemos para generar oportunidades que tiendan puentes al mañana, porque es fundamental acompañarlos para seguir construyendo un mundo mejor. Es necesario dar un soplo de motivación, entusiasmo y confianza a todos, porque cada uno tiene mucho para dar.
Inspiremos y contagiemos a nuestros alumnos, una forma de actuar propia de los ciudadanos competentes que queremos formar. No es una tarea sencilla, pero es momento de empezar.
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