“Una escuela ha terminado y ha llegado el momento de que otra comience.”
Juan Salvador Gaviota de Richard Bach
El coronavirus está removiendo y calando hondo en varios paradigmas de la educación...
Este fenómeno de enseñanza remota de emergencia, nos sigue cuestionando, invitando a tener prácticas diferentes. Despierta nuevas formas de estudiar, de aprender y genera inesperadas formas de trabajo. A partir de una situación concreta, los invito a repensar nuestro sistema de evaluación, tal vez este sea momento de metamorfosis.
Muchas veces los alumnos de niveles superiores al devolverles sus trabajos con un comentario, dejan de mostrarse activos en la plataforma. Mientras que si la devolución de la tarea es un puntaje, una nota o un número, en general la actividad aumenta. Esa situación reavivó nuevamente el tema de la motivación estudiantil. Deja entrever el interés de realizar y entregar el trabajo por la nota en sí misma y no por el aprender a aprender y ser competente desde el Ser y el Hacer.
Esta ‘nueva’ didáctica de “enseñar, aprender y evaluar” vía remota, ha despertado preguntas en alumnos y familias:
¿qué se va a evaluar?
¿cómo se va a evaluar?
¿qué importancia tendrá esa nota de evaluación final?
¿pesará en la promoción?
Hay docentes que se preguntan si es justo evaluar frente a tan diversas situaciones que el alumno puede estar atravesando para acceder a estas nuevas herramientas o metodologías. Hay docentes que se cuestionan sobre el formato a utilizar para evaluar, otros que se plantean si el estudiante realiza la propuesta solo o con ayuda. Docentes que se preocupan de evaluar contenidos porque al año siguiente los necesitarán, docentes que se ven interpelados por la estandarización de resultados en evaluaciones
globalizadas o mundialmente avaladas, y otros que reformulan el instrumento con propuestas bien innovadoras, creativas y diversas.
Esa matriz la llevamos grabada a fuego y más allá de hablar de procesos, competencias, rúbricas, feedback y acompañamiento, terminamos en el famoso número o nota -que nos limita desde el marco curricular de nuestro sistema educativo actual- para que el alumno esté habilitado a promover, a rendir examen o recursar.
Considerando -según los lineamientos- que durante este período de cambios, la evaluación debe ser a través de un concepto y no de un número, los invito a reflexionar sobre la posibilidad de nuevas prácticas.
Hoy se afirma que los docentes -a partir de contenidos que están marcados por un currículo prescriptivo- pueden despertar, potenciar, desarrollar en sus estudiantes, aquellas competencias que respondan adecuadamente a las necesidades de un ciudadano del S XXI. Pueden también compartir, proponer y gestionar evaluaciones por rúbricas, portafolios, listas de cotejo, proyectos y trabajar infinidad de instancias que permitan recabar información sobre el alumno. Tal vez con estas herramientas y otras que podamos aprender, conocer o construir, se logre una gama más amplia de datos que habilite un “mejor” concepto del alumno y de esa forma acercarnos aún más, a una descripción acertada y -por qué no- más detallada de sus habilidades, destrezas y competencias. Poder tener más insumos que nos ‘cuenten’ de ese alumno, nos hace minimizar el error que muchas veces cometemos en dar una nota a partir de una evaluación escrita u oral con formato de “prueba” o “escrito”.
Los cambios educativos son lentos y los supuestos básicos anquilosados en las raíces institucionales, llevan procesos largos de transformación y cambio. De hecho, se lleva años tratando de incentivar el uso de las herramientas digitales, el uso de las plataformas, capacitando a los diferentes equipos en el uso de las mismas y formando docentes en nuevas metodologías de enseñanza. Sin embargo quedó demostrado que no todos las usaban -ni a nivel público ni privado-. Pero repentinamente este virus hizo que en todo el país se instalen o resurjan y ¡funcionen! Con aciertos y errores, con mayor o menor alcance, mayor o menor reticencia, pero se hizo.
Esta crisis
¿no será una oportunidad para repensar la planificación y rediseñar la evaluación?
¿no será una oportunidad para cambiar nuestras prácticas y tener más insumos al evaluar y no solamente calificar?
¿no será una oportunidad para que evaluemos en función de lo que vienen realizando los alumnos?
Quizás en pequeñas comunidades, portafolios que registren procesos, coevaluaciones, evaluaciones de construcción grupal y así generar un concepto que se refleje desde la propia modalidad de trabajo. Tal vez se necesite discutir qué tipo de conocimiento queremos que aprendan -el que está a un click de distancia o el que necesitan para la vida-. Esa diferenciación ya es un cambio significativo en sí misma.
Entonces, ¿por qué no pensar en procesos de evaluación que remarquen conceptualmente lo positivo?. Para desde allí acompañar y construir potentes aprendizajes, que le permitan al individuo desarrollarse plenamente, con autoconocimiento sobre su forma de aprender contenidos, estrategias y competencias para la vida, con un proceso metacognitivo que se descubra, desarrolle y fortalezca a lo largo de su trayectoria educativa.
Omitir la escala numérica o de notas, mejorar nuestras devoluciones pensando en un proceso y evaluar conceptualmente… está latente. De hecho ya se ha implementado en algunas instituciones en el transcurso de esta emergencia sanitaria. Sin embargo es real que debemos anticiparnos y prepararnos con otra mirada.
El cuaderno como instrumento de evaluación. Revalorizar el proceso del alumno y el vínculo con el docente.
Si pensamos un instrumento de evaluación formativa que nos permita evaluar el proceso que el alumno está realizando, el cuaderno sería la herramienta por excelencia. Nos permite evaluar conocimientos, habilidades generales y específicas, así como actitudes y valores. Sin embargo es necesario pautar, acordar, establecer criterios previos que faciliten la valoración de cualquiera de estos rasgos o competencias, evitando que algunos de ellos puedan ser una evaluación cuantitativa en sí mismos.
El cuaderno es el medio por el cual el alumno y el docente descubren y monitorean los procesos de enseñanza y aprendizaje. Para el alumno es una forma de autoevaluar sus logros y redireccionar sus esfuerzos para que estos generen una mejora sustancial en sus aprendizajes. Desarrollar la habilidad cognitiva de autorreflexión acerca de sus propios objetivos y logros, implica el uso de habilidades que requieren procesos complejos de pensamiento, así como poner en juego las competencias necesarias para llevarlo adelante. Es imprescindible que la planificación y uso de este cuaderno sea acordado entre docente y alumnos con el fin de conocer mutuamente los objetivos y pautas de trabajo en el mismo.
El cuaderno en sí mismo es una fuente inagotable de información, siempre y cuando, se planifiquen objetivos de logros claros y precisos, con sus respectivos indicadores. Es a la vez una fuente de inspiración y motivación para que el alumno sea partícipe y protagonista de su propio proceso; se involucre y posicione desde un lugar reflexivo y proactivo. Hay estudiantes que sistemáticamente encuentran dificultades para aprobar pruebas cuantitativas estandarizadas o de corte institucional. Tal vez logren demostrar sus avances a través de un instrumento flexible pero a la vez tangible y con un formato menos restrictivo, orientado hacia una producción personal que demuestre habilidades generales y específicas en contextos predeterminados por el docente que acompaña a ese alumno.
OBJETIVOS.
Mejorar los logros de los estudiantes en cuanto a contenido, habilidades y competencias.
Habilitar al alumno a crecer de manera cognitiva, emocional y social, preparándolo para la vida.
Habilitar un aprendizaje colaborativo y constructivo que desarrolle y fomente la creatividad, autoreflexión, participación, reelaboración y colaboración.
Resignificar el uso del cuaderno
Podemos hacer que los cuadernos contengan un sitio para:
expresarse el docente y alumno
registrar si el trabajo es individual
registrar el trabajo en forma colaborativa.
anotaciones, reflexiones, cuestionamientos, ideas, sugerencias que surjan tanto del docente como del alumno.
(se sugiere utilizar un color diferente para cada una de dichas anotaciones a modo de visualizar rápidamente los distintos registros)
Es necesario que desde los niveles más bajos se comience con esta práctica, apuntando a una didáctica que explicite que la tarea no se agota con la entrega, sino que el conocimiento se sigue construyendo, teniendo en cuenta otras competencias a desarrollar.
Se debe tener presente que el proceso de construcción de los aprendizajes y su registro es aún más significativo y valioso que la herramienta en sí misma.
El cuaderno es un repertorio personal de la evolución del alumno. No debería considerarse la idea de que los niños manejen los mismos códigos de escritura, presentación, tiempos de producción, sino más bien un ritmo propio, individualizado que concientice y demuestre la heterogeneidad en la evaluación.
Ideas para el uso del cuaderno:
“Tareas y Actividades” pautado de consignas y trabajos a realizar.
“Para recordar” allí se registran las ideas principales, personales o aquellas que hayan sido colaborativas.
“Mis reflexiones” consideraciones que crean relevantes y oportunas sobre su propio proceso.
“Cómo lo hice” registran los procesos que les parece haber llevado adelante para realizar la tarea.
“Competencia social” registran los procesos de trabajo grupal y/o colaborativo así como la forma en que se realizaron.
“Retroalimentación docente o de pares” documentar los comentarios realizados por los otros.
“Cómo avanzar” Considerando el punto anterior tratarán de registrar como les parece que pueden mejorar.
Hacia una retroalimentación positiva en los procesos de evaluación.
Construir criterios de devolución compartidos con los alumnos y explicitarlos como indicadores según las expectativas de logro.
Facilitar la evaluación, autoevaluación y coevaluación, ofreciendo oportunidades para que ellos identifiquen las debilidades, fortalezas y oportunidades de mejora.
Cuidar el cómo y el qué decimos, sabemos que nuestras devoluciones impactan no sólo en lo cognitivo sino también en lo emocional.
Considerar el clima, el espacio y el tiempo donde se pauta y ofrece la retroalimentación.
Elegir y jerarquizar lo relevante de la corrección, valorando los aspectos positivos para impactar en la construcción de aprendizajes, pero también en su concepto de autoestima.
Pautar que esperamos que se genere luego de la retroalimentación y las reflexiones propias.
Bibliografía:
García García, Mora María (2013) Las estrategias y los instrumentos de evaluación desde el enfoque formativo.
Ravela, Picaroni, Loureiro (2017) ¿Cómo mejorar la evaluación en el aula? Montevideo, Grupo Magro
Prof. Marcelo Mónico

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