sábado, 27 de marzo de 2021

Semana Santa nuevamente en pandemia.

 


                                                    Semana Santa  nuevamente en pandemia


Se acerca una nueva Semana Santa y necesitamos transitarla como el año pasado... limitando la movilidad y extremando todos los cuidados, por tal motivo comparto mi reflexión con ustedes.


Desde mi vivencia personal, pero además asumiendo que para los cristianos son días particularmente reveladores -generalmente más desde lo teórico y el discurso y en menor medida desde  las prácticas- siempre me interpela cómo poder compartirlos con tantos otros que no adhieren a esta forma de sentir y pensar. 

Temas discutibles como: ¿es Hijo de Dios?, ¿es Dios?, ¿existe Dios?, ¿resucitó?... son casi transversales a este acontecimiento particular y encontraremos respuestas fundamentadas según cada creencia; una discusión muchas veces estéril, ya que no deberíamos tratar de convencer a nadie. Las respuestas muchas veces dependen de las vivencias personales,  hay que poder superar las propias y reconocer y respetar las ajenas.

Por eso -me desafía en estos temas- intentar desde lo personal, no llevarlos a la discusión sobre creencias; sino a lo humano, a aquello que no podemos negar.


Para enmarcar mi punto de vista históricamente, Jesús vivió... y murió crucificado,  datos basados en documentación, que nos acerca a reconocer su existencia como hombre de carne y hueso. Reitero que no abordaré la discusión sobre si es hijo de Dios, y explico por qué.


Hoy, marzo 2021, los creyentes anunciamos en nuestras celebraciones la llegada de nuestro salvador. 

Ahora... si alguien se presenta diciendo que es el Hijo de Dios, y hace ‘cosas’ en su nombre, seguramente casi la totalidad que recita su llegada, cuestione y no crea en tal acontecimiento, situación idéntica a la vivida por Jesús hace cerca de dos mil años. Por esta sencilla razón, no me pararé desde los discursos idealistas y celestiales que cuestionamos en la tierra, sino en la vivencia de aquel hombre. Aquel Jesús hombre comprometido con la realidad cotidiana, mundana y cercana en la que le tocó vivir. Un Jesús que, entre otras cosas, cuestionaba los asuntos públicos poniéndose del lado de los más indefensos.   


Desde ese compromiso real con el otro es que te invito a vivir una Semana Santa movilizadora, inconfundible, diferente, que deje huella en tu vida y la ajena.


En primer lugar, demos marco a la ‘situación pandemia’ actual, nada similar al año pasado, pero a la vez tristemente semejante. Asumiendo que en estos temas son necesarios los números fríos y reales, aquí les dejo algunos para que podamos dimensionar y tomar conciencia.



3 de abril 2020

24 de marzo 2021

resultados positivos a Covid ese día

17 

1.796

personas en CTI en ese día

13 

225

persona en cuidados intermedios

0

fallecido ese día

0

16

casos positivos desde el 13 de marzo

386 

87.812

fallecidos desde el 13 de marzo

843

personal de salud infectado

43

443

pacientes recuperados

86

71.588


Es por eso que la sugerencia es a que salgas lo mínimo indispensable, juntate con tu burbuja, tengamos el menor movimiento posible, pues todos queremos que esto pase pronto. En este momento, nos juega en contra el perder ese ‘temor’ a la enfermedad, nos juega en contra que está la vacuna ‘en la vuelta’, nos juega en contra que seguimos pensando que somos inmortales… aunque a esta altura todos tenemos un conocido, amigo o familiar que ha cursado la enfermedad, o ha estado en CTI o en el peor de los casos la enfermedad lo llevó a la muerte. Desde esta realidad y apelando a la responsabilidad individual y de burbuja, es que te invito a tener el mínimo movimiento posible, y si lo vas a hacer, mantén las distancias, el uso de tapaboca y todas las medidas conocidas desde aquel 13 de marzo 2020.


Pero... ¿cómo vivo la semana con el significado que puede tener para los cristianos? o para los que quieren hacer sin creer.

Personalmente, algo que me cautiva de Jesús, es su poder de ser maestro, y cuando digo MAESTRO, hablo de su capacidad para transmitir, cautivar, enseñar lo que sentía, quería y hacía desde gestos concretos y con parábolas. Jesús se revelaba frente a la adversidad, con ejemplo de compromiso, pero también discutiendo, intercambiando, levantando la voz, incluso pateando a los mercaderes cuando querían hacer negocio con “su padre”. Cuántas veces hoy se sigue haciendo callar… cuántas veces hoy prevalecen razones infundadas que se justifican hablando en nombre de Dios. La convocatoria de hoy es poder jugarnos la vida para hacer justicia por los más necesitados. Sin dudas que esto habilita a que cada uno opine lo que quiera y se pare a “pegar”a la vereda de enfrente… sin embargo no es esa la esencia del planteo.


Para vivir esta semana de forma diferente te invito a realizar pequeñas pero significativas acciones con tus seres queridos, amigos, conocidos o no, entre tantos otros.


Domingo de ramos, te invito a llamar telefónicamente a alguien a quien quieras reconocer ‘algo’, más allá que esa persona no tenga idea o no recuerde lo que ha significado para tí... es un día para valorar, reconocer y hacer sentir, sobre todo hacer sentir único y valioso aquel que trascendió en ti. 


Noche de jueves santo, te invito a que en nuestra burbuja podamos compartir una comida sencilla, cálida, donde el diálogo sea lo que prevalezca, donde podamos mirar a la cara desde el corazón, donde tengamos un gesto como aquel lavado de pies para así preguntarnos ¿qué tengo para darle al otro?


Antes de dormir, te invito a tener un momento personal, donde -como en el huerto- podamos “conversar”, poner en palabras nuestros miedos, nuestras realidades, cuidarnos y cuidar, reconociéndonos frágiles para saber que en determinados momentos también caminamos solos.


Viernes santo, reconozcamos las cruces que cargamos, aquello que nos cuesta, aquello que de alguna manera nos frena y no nos permite avanzar. Sólo en la medida que las hagamos conscientes realmente nos vamos a poder “liberar de ellas”, aunque nos sigan acompañando.


Tengamos presente todas las veces que tan livianamente crucificamos a los otros, por hablar, por envidia, por intereses personales. Tengamos en cuenta, cuántas veces no dar la palabra a alguien es una forma de ‘ponerle un clavo’, de maniatar, silenciar o golpear. Si reconoces esta situación en tu vida, te invito a darte a ti mismo la liberadora posibilidad de -al menos- escucharlos y así desde la empatía alivianar ambas cargas. 


Domingo de resurrección. Te invito a reflexionar el modo en qué has mudado y te has transformado luego de este año de pandemia. Frente a esta situación que arremete nuevamente, interviniendo desde lo afectivo hasta lo educativo, ¿cómo has resurgido y te preparas para lo nuevo que se avecina?. ¿Vives tu propia realidad -desde tu fragilidad humana- pero con esperanza y fe en la trascendencia? 


Te invito a contagiar vida... reconociendo a aquellos que nos han dado lugar, que nos han ayudado a liberarnos, que nos han dado oportunidades, que han confiado en nosotros, porque ellos son los que de alguna manera nos ‘vuelven a la vida’ cuando afrontamos dificultades, porque la muerte de muchas formas puede ser vencida.


Estas acciones suenan sencillas, sin embargo sabemos que no es tan así.  Son sólo algunos disparadores entre tantos que pueden surgir para que dejando de lado los relatos bíblicos, podamos encarnar acciones concretas y reales con aquellas personas que han sido sal, luz y brasa en nuestra vida. 


Sin dudas que esto no es acotado ni limitado... simplemente algunas pinceladas para empezar por casa, porque también tenemos el desafío social de llevarlo a los más necesitados, aquellos que muchas veces sin  nombre ni recursos, se encuentran en refugios o en la calle. La invitación, una vez más es a saber ¿de qué manera ir concretando estas ideas?... en tu burbuja, en diálogo y compromiso, llevemos esas acciones concretas y humanas a los que más lo necesitan. Pensar, dialogar y resolver qué podemos hacer por el otro, con el desafío que no sea solo por esta semana, sino que ésta marque un mojón para que sea el comienzo o la continuidad de un servicio por y para al otro.


Sólo en la medida que empatizamos con el otro desde su realidad, podemos ser el Jesús hombre comprometido con lo que pasa alrededor y con las diferentes vivencias personales. Seamos conscientes que no es fácil, pero que es necesario reconocer, acompañar y seguir ofreciendo y contagiando vida desde lo cotidiano. Desde mi lugar y tu lugar, sigamos intentando comprometernos con las más diversas realidades.


Un año para hacer arder.



Este 1º de marzo marca el comienzo de un nuevo año curricular.


Quedó atrás el año bisagra que nos modificó nuestro Ser y Hacer docente, sin embargo avizoramos secuelas del mismo por delante. Los invito a seguir avanzando y ser nuevamente dadores de ‘eso’ intangible y mágico que sólo se puede dar en estrecho vínculo entre educadores, estudiantes y familias. Podemos hacer que ardan nuestras vidas y las de aquellos que están en contacto con nosotros. Como comunidad educativa, tenemos la maravillosa oportunidad de tejer redes, que generen sinergia y cambios en nosotros mismos para luego seguir transformando a los otros. 


La biblia nos cuenta que “Luego el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente.” (Gn 2,7) y de eso se trata la invitación que les planteo para este año, pero ¿qué es dar soplo de vida?.


Buscando una explicación clara, podría decir que para mi, ‘soplo de vida’ hace referencia a un gesto real que anima, que motiva, que produce un cambio y tiene como resultado una transformación en aquello que ya existía y ahora lo hace con más fuerza, certeza y vivacidad que antes. 

Seguramente casi todos, por no decir todos, nos hemos encontrado en alguna reunión con amigos y al momento de prender el fuego o con el ya prendido, alguien se acerca y sopla para avivar la llama y que no se extinga; o nos encontramos en un frío invierno tratando de avivar la hoguera para dar calor... palitos, papel, fósforo y ese soplo que ayuda y cambia la llama que todo lo transforma... da calor, da luz, da vida, lo cambia todo…


Cuando reconocemos el soplo de Dios, o de cualquiera de nosotros, podemos distinguir que hay diferentes partes. Estoy yo, el otro, y ‘eso’ mágico que se dará cuando el aliento de vida haga contacto. El contacto del soplo de Dios dio vida, el nuestro aviva la llama en el ejemplo citado, pero hoy la invitación es aún más desafiante.


Delante nuestro tendremos infinitas oportunidades... en las aulas, en las oficinas, en los corredores, en la cantina, en todos los espacios colegiales existe un mar de personas dando vueltas... estudiantes, familias y compañeros de trabajo. Tengamos la capacidad de estar atentos y 'soplarlos' con un saludo, una pregunta, una mirada, una escucha; seamos capaces de 'soplarlos' con una palabra, una corrección, un punto de vista diferente. Seamos capaces de contagiar vida transformando el lugar que habitamos en un espacio de hogar, taller y templo.


Vale reconocer, que para poder contagiar vida tengo que ‘poseerla’, porque nadie da lo que no tiene. Te invito a que ‘soples’ y te dejes ser ‘soplado’ por otro.  Llevemos luz para que otros puedan ver mejor, llevemos agua para que otros sacien la sed, llevemos fuego para que se transforme en una gran llama que se propague y extienda… y si por momentos somos carbón, tengamos la capacidad de dejar que la brasa se acerque para volver a encendernos. Si por momentos vemos carbón, tengamos la capacidad de acercarnos para que el otro vuelva a encenderse… seamos capaces de reconocer nuestra fragilidad  con humildad y generosidad. 


Sé que no es fácil; en ocasiones podremos ser más carbón que brasa, pero estoy seguro que el intento de transformar la hoguera vale la pena,  alguien se acercará para soplar y darnos o dar una nueva oportunidad de vida.


Sepamos recibir el soplo del otro y ayudemos para que nuestro soplo empiece a cobrar vida propia. Todos tenemos nuestro propio calor, nuestra luz... la gran riqueza está en reconocer que todos somos brasas diferentes en distintas circunstancias de la vida.


La riqueza no está en ser la mejor brasa, sino que la brasa que sea, mude y transforme al que está a mi lado; le dé calor, le dé luz, le dé un sostén que lo anime a querer ser brasa para los demás.


La invitación está planteada, el desafío realizado... si sabemos dar ese soplo de vida a tiempo, no permitiremos que el humo lo nuble todo… por el contrario, haremos arder el corazón del otro contagiando vida. Tenemos en la educación una gran oportunidad, no la dejemos pasar… todos esperan lo mejor de nosotros. La vida está para ‘gastarse’ y la brasa también, hasta consumirse, hasta consumirnos, seamos dadores de vida con nuestro soplo.


Muchos desafíos por delante,  pero sabiendo que no estamos solos, feliz año para todos.




Prof. Marcelo Mónico


jueves, 30 de julio de 2020

Artesanos de un sueño a construir.

En estos tiempos de cuarentena y a medida que sigue avanzando el confinamiento, son muchos los artículos, comentarios, tuits que se leen en las redes sociales, lugar de expresión sin límite, donde últimamente estamos teniendo la capacidad no solamente de expresar  lo que se nos viene a la cabeza, sino que muchas veces lo hacemos sin análisis, sin verificación, sin evidencias… pero sobre todo desde el ataque a  terceros, sin importar procedencia alguna.
La intransigencia parecería estar de moda; así como a nivel mundial la curva de contagio por coronavirus creció, el uso de plataformas educativas aumentó, el teletrabajo se instaló… lamentablemente también la intolerancia y el insulto al que piensa diferente se encuentra en franco crecimiento.

Este nuevo coronavirus, en muchos aspectos, está haciendo aflorar lo mejor de nosotros, pero también dejando entrever lo peor… ha sacado a la luz las miserias, el partidismo, el odio, el ataque, el poder depositar en el otro palabras o conceptos agresivos, que lo único que hacen es continuar agudizando la profunda grieta tan mencionada.


Vivimos en un país democrático donde la expresión es ineludiblemente libre, por tanto creo que lo primero que debemos hacer es cuidarla respetuosamente y defenderla. Me desafía pensar la política desde una mirada general, desde un pensar, desde un hacer, desde un evaluar para volver a planificar, y no desde la agresión constante y sostenida. Adhiero a pensar la política que viene de acuerdos, donde se llega a reflexionar por el bien de todos, y cuando digo todos es TODOS… una política que logre negociar, dialogar, ceder para alcanzar consensos, y no simplemente levantar la mano para votar o vetar una ley, un acuerdo o una sanción.


Es necesario a mi entender, que todos los actores políticos, actúen en consecuencia de lo que nos sucede como sociedad, que dejen su ‘chacrita’, su búsqueda de poder o un potencial voto al ganarse algunos adeptos. Creo que hay lugares para jugar el partido seriamente y con compromiso… y es ahí,  donde espero que lo hagan, donde espero que concilien, acuerden,  cedan,  modifiquen…

Es momento de no polarizar más…  basta que desde un sector se sostenga una afirmación para que la contraparte manifieste que es falsa. Basta que desde un sector se haga una propuesta para que el otro asegure que ya lo había sugerido. 


¿Existen agentes políticos que reconozcan aquello productivo que hace el que está situado en la otra vereda? ¿Es real que todo lo que hace el otro está equivocado? ¿Es posible que todas las propuestas que vengan del vecino sean ‘ninguneadas’?


Me consta que muchos reconocen -internamente- las ideas, los proyectos, las acciones que han sido fecundamente realizadas por los otros, de todas formas creo que es momento que lo digan, lo  compartan… lo valoren,  es tiempo de colaborar… 

Se me ocurre pensar en dos ejemplos concretos, las escuelas de tiempo completo tan criticadas a Rama fueron durante la pasada contienda política bandera de varios proyectos de corte progresista. O el Plan Ceibal tan cuestionado en sus principios... hoy herramienta fundamental para compartir las clases a distancia. 

Sin dudas muchos son los aciertos de los gobiernos de turno… sería productivo y sobre todo reconciliador reconocer esos aspectos públicamente, de la misma forma que se cuestiona desde las redes sociales cada iniciativa propuesta.


Desde esa concepción tan extrapolada me pregunto, ¿por qué no mejora la Educación?

Y francamente la respuesta que encuentro es que todos nos echamos la culpa y nadie asume un error. 

Se deposita la culpa en el gobierno de turno, en las autoridades, en las instituciones, en los docentes, en las familias, en los alumnos, pero ninguno de estos actores, recogemos el guante para empezar a construir un proyecto común que nos encauce y encamine hacia un horizonte educativo compartido, hacia un nuevo marco curricular que considere e interactúe con todos los involucrados.


Y si bien, también es verdad que muchos piensan y trabajan en pos de la mejora, la realidad muestra que es generando parches sin un cambio radical y real que impacte positivamente, por ejemplo  en los aprendizajes de los alumnos o en una baja en la deserción estudiantil.  Es en base a esfuerzos personales, a proyectos a corto plazo o a las “buenas ideas” de aquellos que están de turno, que surgen mejoras esporádicas en el sistema educativo.  

No encuentro que exista -a largo plazo-  una planificación transversal de todos los subsistemas, en la cual haya acuerdos para que a pesar del cambio de autoridades, la reformulación  sea sostenida.  No me refiero a estrategias, programas, lineamientos estanco, inamovibles, rígidos, porque es verdad que día a día surgen nuevas prácticas, se produce nuevos conocimientos, se generan desde la neurociencia nuevos descubrimientos que podrían aportar a la metamorfosis necesaria. 

Tampoco hablo de tomar una postura estática que sea -indefectiblemente- el Norte a seguir, pero sí optar por una forma de trabajo que sea abarcativa, colaborativa, independiente, donde todos estén convencidos y se pueda asegurar desde el timón un rumbo a recorrer; no desde ese cambio quinquenal o errático en la navegación, sino desde una hoja de ruta planificada con antelación. Para algunos sumergidos en el dinamismo cotidiano  a veces resulta imposible mirar a largo plazo, por ejemplo una mirada a 30 años suena casi soñadora, pero para otros es imprescindiblemente necesario. 


Siempre se me presenta la misma duda, proceso o resultado… lo del Mtro. Tabárez, 

pregunto... ¿fue proceso o resultado?

Si mal no recuerdo, Forlán convirtió un penal contra Ecuador de visitante en el minuto 90 que nos dio el triunfo; el empate nos dejaba afuera. Esa posibilidad latente de derrota, nos hubiera dejado fuera del mundial. En tal caso ¿nos hubiera permitido hablar de proceso?... me pregunto, ¿al maestro Tabárez se lo hubiera apartado de su rol de entrenador? o ¿se le hubiera recontratado? Entramos por la ventana y salimos cuartos del mundo.  En lo personal, asumo que de verdad existió un proceso, pero también acompañó la casuística de los resultados. De hecho, reafirmo que se debe seguir un proceso en los deportes, así mismo varias figuras del ámbito deportivo opinan lo mismo, sin embargo frente a la circunstancia de no obtener una buena definición o campeonato, lo primero que se suele hacer, es separar a los entrenadores de su cargo… ¿proceso o resultado?


Entiendo que proceso y resultado deben ir de la mano… es tan necesario proyectar un puerto a donde ir cómo evaluar los mejores caminos para arribar a él… optimizar los medios teniendo en claro lo que buscamos.


 Es notorio y consabido que existen diferencias en las posturas a tomar y los caminos a seguir, dependiendo de qué lado del tablero provengan. Sin embargo, también está claro el gran abanico de colores que conforman tanto una posición como la otra, porque en este gran bloque que se ha formado nos coloreamos y arremangamos desde el valor de nuestra heterogénea individualidad; para construir puentes verdaderos... que estrechen lazos, que acerquen realidades, que consoliden anhelos y proyectos… De una manera u otra, muchos de ustedes actores políticos, sociales, empresarios, son personas con marcada influencia en nuestra  sociedad… y desde ese lugar pueden ser arquitectos de estos sueños.


  “Su único pesar no era la soledad, sino que las otras gaviotas se negasen a crecer en la gloria que les esperaba al volar, que se negasen a abrir los ojos y ver.”  


Juan Salvador Gaviota de Richard Bach   


Prof. Marcelo Mónico


miércoles, 22 de julio de 2020

En nuestro Uruguay laico, una semana… con mirada diferente.

“Los graznidos y trinos de la vida cotidiana de la bandada se interrumpieron” 

Juan Salvador Gaviota de Richard Bach 


Participé varios años del grupo “Misión Nazarena”, actividad Provincial de los Hermanos de la Sagrada Familia, con el incansable Hermano Javier -conocido como el Pirincho- a cargo de la misma, aunque había otros varios colaboradores que ayudaban en la implementación.

La Misión se realiza en Semana Santa así como también en receso de clase, los primeros años se llevó a cabo en julio y luego se pasó a setiembre para evitar las bajas temperaturas del invierno.  Al recorrer y visitar las casas en los diferentes lugares del país, en general nos presentamos de la misma manera: “Somos un grupo de misioneros que elegimos pasar la Semana Santa de una forma diferente”. Frase muy usada también para invitar a las generaciones que ingresan a 4º año de secundaria y pueden comenzar a ser parte de esta experiencia.

Somos un país donde el Estado se encuentra disociado de la Iglesia, proceso que comenzó en los últimos años del siglo XIX y culminó a principios del siguiente con la promulgación de una ley que consagra definitivamente la enseñanza laica en el Uruguay.

Desde hace no mucho tiempo, me he dado cuenta que cuando compartimos mensajes pastorales, deberíamos considerar la heterogeneidad de las realidades... convivimos con aquél que lo recibe desde un lugar de fe o que comparte idéntica religión; así como aquél que manifiesta no ser creyente; además de las infinitas variantes que existen entre ambos polos. Eso es parte de lo maravilloso y desafiante… un mensaje que para muchos puede ser sustancial, podemos compartirlo desde nuestro lugar, con la humildad y sencillez que lo transforma en tangible y se hace 'carne' para todos. 

En nuestro pequeño gran Uruguay, al igual que en otras partes del mundo, las celebraciones religiosas han ido mudando su forma, enmarcadas en cambios culturales, creencias... costumbres; es así que muchas de ellas han pasado a tener diferentes nombres... lo que conlleva en sí mismo que todos los habitantes podamos celebrarlas desde nuestro lugar de cristianos o no. En lo personal me maravilla saber que existe ese gran abanico que nos contempla y alberga a todos. Lo que para mí es Semana Santa, para muchos otros es semana de turismo, semana de la vuelta ciclista, semana de las criollas, semana de la cerveza.

Hoy, más que nunca, sin duda cobra sentido aquella frase que tanto hemos escuchado “pasar Semana Santa de una forma diferente”, la situación de emergencia sanitaria que estamos atravesando y las medidas de las autoridades nacionales así lo requiere. 
Esta será una semana diferente... sin turismo, sin vuelta ciclista, sin criollas y sin cervezas (al menos sin la convocatoria popular que tenía dicha fiesta), pero también sin misión, ni misas con comunión, ni procesión para quienes la vivimos como Semana Santa... será una semana realmente atípica.


Siento que, frente a tanta adversidad, es la oportunidad de vivir desde un nuevo lugar este tiempo litúrgico que corre, la preparación para la Pascua. Vivir o transitar la Semana Santa, es ‘pasar’ en siete días lo que muchas veces es nuestra vida, es dar significado y sustancia a muchos momentos representados en los acontecimientos que allí se vivieron.

Domingo de ramos, llegada de Jesús en medio de la multitud que lo aclama. Cuántas veces nos han hecho sentir así frente a algo valioso que logramos o hacemos… cuántas veces lo hicimos con los otros.

Jueves santo, Jesús comparte la cena con sus amigos. Cuántas veces nos juntamos alrededor de una mesa con las personas que queremos; a diario, semanalmente, una vez al año o cuando se pueda; seguramente todos experimentamos esa sensación de regocijo y encuentro.  

Jesús lava los pies a sus discípulos. Cuántas veces nos pusimos de manera desinteresada y humildemente al servicio del otro, así como otras tantas alguien nos dedicó ese tiempo de servicio a nosotros.

Judas traiciona a Jesús. Cuántas veces traicionamos a alguien o a nosotros mismos; cuántas veces podemos sentirnos traicionados en lo profundo de nuestro ser,  por aquél que queremos. Cuántas veces confiamos y nos sentimos luego traicionados.

Jesús oraba en el huerto y los discípulos se quedaron dormidos. Cuántas veces es necesario ‘alejarnos’ de la realidad, tomar un respiro, dar un paso al costado para poder pensar en nosotros o ahondar en las realidades complejas que vivimos. Así como cuántas veces precisamos de alguien que nos cuide, nos acompañe… nos guíe, y ese alguien no estuvo porque “se quedó dormido”.

Juicio a Jesús ante Pilato. Cuántas veces irresponsablemente, desde el desconocimiento, y sin caridad alguna, juzgamos o nos juzgan sin consideración ni misericordia de nuestra situación.

Viacrucis de Jesús. Cuántas veces ‘cargamos’ con las diferentes cruces que nos tocan, más grandes o más pequeñas; pero todos llevamos a cuestas la nuestra. Cuántas veces ‘caemos’ y tenemos que volver a levantarnos, cuántas veces nos humillan o ‘golpean’ y tenemos que seguir caminando. Así como muchas veces nosotros humillamos o ‘golpeamos’ sin siquiera habernos percatado.

Crucifixión de Jesús. Cuántas veces en lo cotidiano nos ‘matan’ o ‘matamos’ con gestos, acciones, palabras o la misma desidia e indiferencia diaria. Cuántas veces nos encontramos solos porque sentimos que nadie puede ayudar, comprender  o resolver aquello que nos pasa.

Resurrección de Jesús. Cuántas veces transformados volvemos a la vida, cuántas veces apoyados en nuestra fe volvemos diferentes después de una caída. 

En esta breve descripción de los acontecimientos más relevantes que vivió Jesús en sus últimos días, podemos -aquellos que creemos en Él- identificarnos con los signos; no obstante por otro lado seguramente todos nos identificamos con el sentimiento cotidiano o la vivencia mundana que trasciende la simbología del relato bíblico. 

Es por eso que cuando logramos comprender, trascender y encarnar lo que vivió Jesús hace casi dos mil años… más allá de nuestra religión; podemos empatizar y comulgar con esas diferentes situaciones diarias que nos toca vivir. 

Desde mi lugar los invito en este tiempo de cuarentena... de cuaresma, a pensar en nosotros, pero también en cada familia y en la situación coyuntural mundial. 
Es momento de retiro personal, para poder parar y pasar la vida de cada uno por el corazón; y de esa forma resignificar cada acontecimiento cotidiano. Puede ser éste... momento para reconocer ¿En qué día de la semana nos encontramos viviendo hoy? 

En nuestro pequeño y gran Uruguay, usualmente nos jactamos de no tener guerras, no vivir terremotos, no pasar por grandes desastres naturales; sin embargo desde hace varios días, este virus que nos desordenó y sacó de la rutina... hoy nos empuja desde este parate a poder mirar, mirarlos, mirarnos… con una mirada más reflexiva, más humana…  más trascendente. 
Por eso simplemente te invito a que; sin turismo, sin vuelta ciclista, sin criollas y sin cervezas… pero también sin misión, ni misas, ni procesión para quienes la vivimos como Semana Santa…  te permitas vivir en tu vida y en tu corazón una semana realmente diferente. 


“Una etapa ha terminado y ha llegado la hora de que empiece otra”

                       Juan Salvador Gaviota de Richard Bach


martes, 21 de julio de 2020

Estabilizar al paciente…




“...llegar a ver a la verdadera gaviota, ver el bien que hay  en cada una  

y ayudarlas a que lo vean en sí mismas.”

JSG



Estabilizar al paciente… 

Hace dos semanas nos tocó a todos -educadores, alumnos y familias- vivir la suspensión de las clases presenciales debido a la cuarentena planteada desde las autoridades nacionales.

Sin lugar a dudas esta decisión nos ha trastocado la vida a todos los involucrados. Generando, entre otras cosas, el traslado de las aulas desde los centros educativos a los hogares.


Rápidamente las diferentes instituciones activaron una amplia gama de mecanismos para poder realizar dicho proceso, y en un plazo de 48 a 96 horas, se generó el acceso a diferentes plataformas educativas a distancia, correos electrónicos, cuentas de docentes, cuentas de estudiantes, autorizaciones para los alumnos más pequeños entre otros procedimientos que se debieron implementar. 

Logramos compartir entre los diferentes actores; tutoriales, herramientas, sugerencias… nuestras redes de comunicación entre docentes eran un muestrario sin fin de recursos inagotables para potenciar y dinamizar el contacto con los estudiantes. 


La verdad es que, me arriesgaría a decir que la mayoría de nosotros no estábamos preparados para afrontar este viraje hacia lo virtual... creo que vale la pena hacer explícitas nuestras limitaciones para poder avanzar hacia la mejora de nuestras prácticas. 

Nuestra formación académica en general ha sido contenidista, pero como docentes tenemos que reinventarnos y seguir aprendiendo a diario, sobre adecuaciones, psicodiagnósticos, acompañamiento, tutorías, nuevas tecnologías, competencias… y ahora esta gran transformación, la mayor revolución a nivel mundial en tan sólo unas horas.


Tengamos en cuenta que hace ya varios años se ha puesto en marcha una batería de acciones para promover y estimular el uso de las nuevas tecnologías en el aula, sin embargo se iba incursionando y gestionando gradualmente.

Algunos docentes, probablemente los que se iban sintiendo más cómodos o se mostraban más audaces eran quienes iban aprendiendo a utilizarlas. Hoy el Covid_19 llevó a que su implementación sea casi obligatoria y masiva, sin importar nuestro propio desarrollo de la competencia digital, sin importar el contexto, sin importar si nos gusta o no, simplemente en un abrir y cerrar de ojos tuvimos que cambiar nuestra dialéctica educativa.

En lo personal asumo que este giro nos puede mostrar una veta ampliamente positiva… la mayor parte de los alumnos no han perdido el contacto con los docentes, ni con el curso, y están desarrollando una forma de aprender diferente; autogestionándose y tendiendo redes solidarias entre ellos. 


Si lo llevo al plano médico, estábamos frente al paciente que hizo un paro cardíaco... aplicamos todas las maniobras para que ese corazón volviera a latir… se actuó de prisa, sin importar secuelas, sin importar el tiempo que llevaba, sin importar otras variables que pasaron a ser secundarias. Lo importante era que ese corazón volviera a funcionar, haciendo un paralelismo con la educación lo sustancial era que el sistema volviera a funcionar y los vínculos a restablecerse.


Así transcurrió la primera quincena de cuarentena para muchos educadores… estabilizar a 'nuestro paciente' llevó muchas horas, muchas conversaciones formales e informales, mucha adrenalina para obtener accesos, recursos, herramientas… y un sin fin de horas tratando de hacer las cosas mejor. Estimo que un buen síntoma de esa rehabilitación es este ‘corazón educativo’ que volvió a latir, funciona y ¡está activo! 


Embarcados navegando esta nueva realidad, muchos docentes cometimos un error esencial, propio de nuestra profesión, propio de trabajar cotidianamente solos y a puertas cerradas, especialmente en el ámbito de secundaria. 

Nos cuesta mirar más allá, otear el horizonte, levantar la vista… somos, por lo general, gaviotas que picotean en lo diario su 'comida'... mi clase, mis alumnos, mi planificación; no solemos tener la mirada profunda, vertiginosa y desde lo alto que puede contagiarnos Juan Salvador Gaviota... ese planeo de águila, capaz de contemplar desde otra óptica nuestra propia realidad. Si fuéramos capaces de esto, nos daríamos cuenta de que no es sólo mi clase, ni sólo mis alumnos, deberíamos tener una mirada mucho más holística, sabiendo que 'compartimos' los alumnos con otros docentes, otras actividades, y por supuesto sus familias. 


Siento que muchos educadores frente a esta situación hemos perdido la capacidad de empatizar con el otro, aunque esa afirmación suene dura. 

¿Por qué digo esto? Porque hemos posteado... subido… un sin fin de tareas con plazos de entrega estrictos, inamovibles; hemos organizado videoconferencias sin acordar previamente con los alumnos, quienes muchas veces tenían otra clase virtual con un colega. Porque hemos dejado de contestar dudas que pueden ir surgiendo y así ir acompañando estos procesos educativos. Porque hemos pedido imprimir sin saber si había impresora disponible en el hogar y aún peor desconociendo si existían medios digitales disponibles durante la jornada escolar. Porque muchas veces el uso de la tecnología depende del resto de la familia, padres y madres que teletrabajan o aquellos que deben concurrir a trabajos presenciales y cuando retornan a casa pueden compartir su dispositivo o computadora, pero se encuentran con actividades inabarcables, consignas sin pautas claras, plazos de entregas ya vencidos. Porque muchas familias ya están en seguro de paro o sin trabajo. Porque deben resolver el cuidado diario de sus hijos y adultos mayores. Y nosotros como docente... continuamos mirando mi curso, mi clase, mi actividad, mi 'chacra'... acentuando así esa inestabilidad general que estamos viviendo todos.


Uff!!... cuánto para aprender, cuánto para seguir reinventándonos, cuánto para mejorar. 

Es hora de acompañar con una mirada más empática, teniendo en cuenta el contexto general, no sólo mis intereses en cumplir con un programa prescriptivo, pautado; de hecho muchas Inspecciones han manifestado mensajes de tranquilidad, calma y acompañamiento a la tarea docente.


Al paciente ya lo salvamos… ¡su corazón late! Llegó el momento de estabilizar, regular, bajar sus pulsaciones… hablarle, que entre en sintonía, lograr la homeostasis para que todo su organismo funcione sincronizadamente de la mejor manera posible.

Este llevar nuestras aulas a clases virtuales ya lo pasamos con éxito. Ahora es necesario que los alumnos y sus familias puedan bajar sus pulsaciones, no abrumarlos… que los estudiantes no pasen doce horas frente a la pantalla, que puedan descansar, jugar, hacer deporte… tengamos presente que faltan muchos días y el encierro así como las heterogéneas realidades personales y familiares, pueden generar diversas situaciones; en algunos casos de construcción y resiliencia, pero en otros pueden despertarse emociones y relaciones de apatía y cansancio. 


 Pero confío en la mayoría de mis colegas docentes… aquellos que con pautas claras, acompañamiento técnico, diálogo con los alumnos y familias, con Equipos de gestión presentes… con acuerdos y buena comunicación entre compañeros de tarea, lograremos estabilizar este emergente.


Sé que todos tenemos que adaptarnos, familiarizarnos, ajustarnos para lograr tener un impacto positivo en el vínculo y los aprendizajes de los alumnos; todo aquello que valoramos como primordial en la primer semana de cuarentena, no debería derrumbarse por un mal uso de nuestros tiempos y estrategias.


Es por eso que les digo a las familias que ‘esto’ se va a solucionar. Es por eso que le digo a los alumnos que ‘esto’ lo pueden hacer. Es por eso que le digo a los docentes que tenemos mucho más para aprender.

Es por eso, que a medida que pasan los días, hay más actores que se suman a los aplausos… 

aplausos a todos los integrantes del sistema de salud, a todos los que mantienen los servicios esenciales, a los docentes, a todas las familias y a todos los alumnos, que son el tesoro más preciados de cada familia, pero también el tesoro más preciado de nosotros como educadores.


Emociona el trabajo a pesar de los errores… lo bueno es que caminando juntos podemos corregirlos. Gracias a todas aquellas familias que los plantean para que nosotros como educadores podamos dosificar las exigencias, replanificar y estrechar lazos que humanicen nuestra relación alumno-docente más allá del formato. 


El paciente está a salvo, ahora hay que estabilizar la situación y ¡continuar aprendiendo juntos! 



“¿No hay límites, Juan?, pensó y sonrió. Su carrera hacia el aprendizaje había empezado”


JSG Richard Bach




Prof. Marcelo Mónico


lunes, 20 de julio de 2020

La brújula orientada a no interrumpir procesos, la ruta… el cambio.





 “Lo intentó otra vez a setecientos metros de altura,

descendiendo en vertical, con el pico hacia abajo y las alas completamente extendidas y estables

desde el momento en que superó los setenta kilómetros por hora. Necesitó un esfuerzo tremendo, pero lo consiguió”     

Juan Salvador Gaviota

de Richard Bach





La brújula orientada a no interrumpir procesos, la ruta…

el cambio. 


La emergencia sanitaria… las medidas del Gobierno… la no concurrencia a los centros educativos desde el pasado 15 de marzo han dado mucho de qué hablar.
El quedarse en casa ha trastocado la vida familiar; infinidad de adultos con trabajos presenciales sumado al caos de los quehaceres diarios, el cuidado de los adultos mayores y de los hijos, especialmente los más pequeños.
Surgen aplausos y reconocimientos varios a los médicos por su trabajo en estos tiempos, diagnosticando enfermos que pueden o no estar infectados por el virus, visitando hogares o recibiendo pacientes en los diferentes centros de salud. Sin duda que me sumo a esta iniciativa; pero hoy quiero tener presente otros trabajadores.
Los trabajadores independientes en sus distintas ramas; feriantes, vendedores ambulantes, pequeños comercios o microemprendimientos, prestadores de servicios entre otros… aquellos que han visto sus ingresos y su economía perjudicada.
Quiero tener presente a quienes han perdido su trabajo o están en seguro de paro, pues el Covid_19 arrastra mucho más que un tema de salud. La economía se ha visto afectada a nivel macro, pero también en cada hogar, en cada familia. Y los que tenemos la posibilidad de seguir contando con nuestros sueldos, deberíamos ser agradecidos y empáticos con las diferentes realidades del entorno, especialmente con muchas de las familias de nuestros propios centros educativos.
En estos momentos de tanta incertidumbre y desasosiego, quiero hacer mención a todos los educadores, sin importar el sector al que pertenecen, sea este privado o público, inicial o terciario… a todos en general, porque el Covid_19 provocó un cambio en nuestro comportamiento social y en nuestras prácticas educativas. Quizás aún no todos han logrado alinearse tan vertiginosamente a esta “movida digital”, pero cada uno desde su lugar seguramente se replantea el contrato pedagógico alumno-docente y la manera de hacerlo viable, humanizando la competencia digital para sentirnos cerca sin estarlo.
Para aquellos educadores que no utilizaban aún este tipo de tecnologías; fue un paso gigantesco, algo utópico se convirtió en una realidad tangible en pocas horas.
Algunas familias plantean que son demasiadas las tareas que se envían, acotados los plazos de entrega, o consignas que no son del todo claras… en tanto otras manifiestan la falta de contacto desde los centros educativos. Tengamos presente que una Pandemia no es una "oportunidad para mejorar el rendimiento académico desde casa"... Sin dudas los educadores tenemos mucho por aprender y flexibilizar aún, sin embargo considero que hay que reconocer y destacar algunos puntos importantes. En 48 horas los docentes migramos del manejo de una aula presencial a estar frente a una plataforma, teniendo rápidamente que resignificar nuestras prácticas y nuestro vínculo con el alumno. La mayor parte de los alumnos de nuestro país mantienen al menos algún contacto virtual con sus educadores. Las plataformas Ceibal, Google for Education, Edmodo y otras;
Aprendemos estrategias en el día a día y no sólo innovamos en herramientas para subir, descargar o compartir materiales, sino que también aprendemos a dosificar las tareas, las entregas y los tiempos frente a las pantallas; los nuestros, los de los alumnos y también los de las familias.
han multiplicado abruptamente los ingresos, los cursos y la cantidad de docentes y estudiantes que acceden a ellas. Internet por momentos se ha vuelto lenta; muchos de nosotros nos encontramos trabajando allí la mayor parte de la jornada escolar o laboral. Navegamos con algunas herramientas básicas… una brújula y no mucho más; pero con las ganas y la convicción de saber al puerto que nos dirigimos, ese lugar donde los estudiantes no perderán el contacto con el docente y sus compañeros, aunque este sea vía virtual; un lugar donde se jerarquizan contenidos, pero sobre todo donde se desarrollan y fortalecen las competencias de este siglo. Me consta la cantidad de horas que implica a muchos colegas aprender, planificar, compartir, equivocarnos, mandar tarea… volver a equivocarnos y dar un buen click para subir algo, después de haber fallado varias veces, ello ha consumido muchas más horas de las que generalmente estamos en nuestros lugares de trabajo.
Conmueve el trabajo de los docentes en nuestros centros educativos… en los del país todo, en la región y el mundo; tratando de adaptarse a esta nueva realidad que hoy nos toca vivir. En una cuarentena casi mundial, donde la mayoría de los centros de enseñanza permanecen cerrados y los educadores están haciendo posible lo imposible, para así continuar brindando a los alumnos una educación de calidad.
Mensajes, correos, llamadas, whatsapp que arden a lo largo del día pidiendo ayuda, ofreciendo un recurso, aportando lo que cada uno sabe o le han compartido. Esta revolución digital ha dejado de lado, en la mayoría de los casos, el egoísmo que se genera entre docentes para hacer la diferencia y poder estar mejor posicionado, aunque sea en algunas décimas de puntos, para elegir grupo antes que otro colega. Afortunadamente hemos sido capaces de dejar de lado lo negativo del sistema; la competencia, la falta de solidaridad; para así permitirnos poner a disposición de los otros nuestra experiencia y nuestros saberes y así entre todos sumar ideas, descubrir nuevas prácticas y volver a reinventar la dialéctica del “aula”. Es claro que en este camino incierto y desconocido nos reinventamos todos y ¡juntos! ¡Solamente tengo agradecimiento a esta vocación tantas veces castigada!
Gracias a todos los colegas que conozco. Gracias a todos los que no conozco y están trabajando por resignificar y dignificar nuestra profesión docente.
Es por eso que te invito a aplaudir simbólicamente a los docentes, adscriptos, profesores especiales, psicólogos, psicopedagogos, secretarios, auxiliares, personal de servicios, administrativos, personal del área informática, directivos, y a todos los que seguramente me estoy olvidando pero marcan presencia en nuestros centros educativos. Tal vez no sea aplaudir a determinada hora, determinado día; o quizás sí… ¿por qué no hacernos sentir ese mimo al alma? Como docentes, nos motiva y reconforta el reconocimiento hacia nuestra tarea; un aplauso es de las mejores demostraciones que podemos recibir frente a nuestra labor, no me refiero a premios, dinero, grandes acciones, sino algo sencillo y significativo que nos anime a continuar con nuestra tarea diaria, un simple ¡gracias! que nos permita sentir en lo cercano a todos los que caminan con nosotros aunque no los veamos. Imagina llegue el día que el aplauso a los docentes no provenga de los propios docentes sino de otros actores de nuestra sociedad.
Gracias a la vida y al discernimiento por haberme hecho descubrir esta vocación de servicio docente.
¡Este aplauso es para ustedes… este aplauso es para nosotros!


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